‘Yesteryear’, de Caro Claire Burke: Cuando volver a casa parece la única salida

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Natalie Heller Mills es la protagonista de Yesteryear. Una experta en el arte de vivir, según sus propias palabras. Madre de cinco hijos y con el sexto en camino, esposa de un niño de papá con pose de ranger y dientes muy alineados. Influencer con millones de seguidores y dueña, aunque la escritura esté a nombre del maridito sonriente, del Rancho Los Viejos Tiempos donde trabajan decenas de jornaleros, dos niñeras y una productora audiovisual que se desviven para que el público de Natalie sueñe, envidie u odie su vida y que nunca jamás saldrán en cámara.

A través de saltos temporales, Burke recorre la trayectoria de Natalie, su conformación como tradwife desde la universidad. Hasta que un buen día amanece en 1855. Los Viejos Tiempos. Presente, pasado, futuro. La vida idílica en el rancho deja paso a una cabaña rodeada de montañas en Idaho, sin electricidad, agua corriente ni vestidos cottagecore que esperan ser fotografiados. Así funciona Yesteryear. Como un verdadero thriller doméstico en que la neurosis que genera el espacio doméstico acaba invadiéndolo todo. En este sentido, como señala la escritora Layla Martínez, en el thriller doméstico, el matrimonio y la familia son una fuente de peligro continua para la mujer que acaba tan profundamente alienada de sí misma al punto de dejar de distinguir realidad y ficción.

Esa es realmente la trayectoria de Natalie Heller Mills. La neurosis. La disociación. Una decisión que comienza a fraguarse en la universidad fruto de su inadaptación social y, de alguna manera, de una fuerte conciencia de clase. Natalie pensaba que en la universidad despegaría intelectualmente gracias a la beca que recibió, que encontraría su lugar en el mundo y solo encuentra frustración y recelo ante las chicas que la rodean: mujeres ricas que han crecido rodeadas de privilegios y que sin embargo se verán abocadas a trabajos precarios, explotación laboral y malestar. Solo por ser mujeres. Natalie decide ser más lista. O eso piensa. Decide abandonar el falso camino del empoderamiento y casarse.

En este sentido, algo bastante paradójico y que se puede localizar en muchas de estas tendencias conservadoras que invaden internet es precisamente la crítica inherente al capitalismo, aunque no usen esta palabra, y en cierta forma al trabajo asalariado que configura su imaginario y que, sin embargo, nunca deriva en un pensamiento político renovador o emancipador. Las tradwife son el gran ejemplo de esto. Aunque critiquen la precariedad, el aislamiento al que conduce el capitalismo y el resto de contradicciones del libre mercado, configuran su identidad en contradicción a la mujer feminista y no en contra del sistema que las constriñe. Intuyen las causas pero se encuentran incapacitadas para pensar otros modelos posibles y por ello, vuelven a modelos previos, al ángel del hogar. Al modelo de mujer previo a su incorporación al mercado laboral.

Alguien podría haberle dicho a Natalie Heller Mills que la casa es un lugar sostenido durante siglos sobre la explotación de las mujeres. Que la casa también es solitaria y que volver a ella sin nada más que el maridito sonriente puede ser lo que impida que puedas salir cuando sea necesario. Sin embargo, Natalie se da cuenta, solo que demasiado tarde. Cuando el pasado lo ha invadido todo. 

El miedo a la incertidumbre, a la precariedad, el miedo, ante todo, a imaginar nuevos mundos posibles, o a que ese nuevo mundo tambalee un poco su lugar en el actual, es lo que vertebra principalmente estos grupos y es lo que hace que Natalie Heller Mills decida huir del presente y con ella, sus hijos. Ahora sí: ojalá alguien le hubiera dicho a Natalie que en el presente no se está tan mal y que no hace falta vivir en un rancho para encontrar belleza en el mundo.

Cuando en 1973 Joanna Russ escribió el ensayo Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido analizando los componentes del gótico moderno, una tendencia literaria muy popular entre mujeres en su momento, dejó algo muy claro: en las obras de vocación más comercial es donde mejor se puede medir la pervivencia de los roles de género. Sin duda, Burke es consciente de ello. Yesteryear es la prueba. Un éxito de ventas incisivo que expone y disecciona, con humor y una excelente capacidad crítica, las mitologías que configuran las tendencias conservadores en materia de género en los Estados Unidos y que funciona a la perfección como advertencia contra la nostalgia.

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