Hambre, terror y la perturbadora ‘Avidez’ de Lina Meruane

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Madres devotas y protectoras, madres desmesuradas; hijas traviesas, huérfanas y siamesas; amigas de cuchilla y amantes obsesionadas desfilan por las páginas de Avidez de Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970), pero también lo hacen los hombres egoístas, apocalípticos y armados. En este conjunto de relatos -escritos desde 1994 hasta 2023-, la escritora chilena configura un corpus literario que, a pesar de las décadas de distancia, gira en torno a una idea de avidez relacionada con el hambre, la angustia, el miedo o el castigo.

La editorial Páginas de Espuma publica esta colección de cuentos que manifiesta un estilo incómodo, desconcertante y poco convencional. Sus tramas y recorridos van desde la ciencia-ficción de las mujeres ciborg o una hija post-atómica de lengua reptiliana; pasando por mundos en los que los animales vuelven a revindicar su puesto en la cadena alimentaria; hasta la crudeza punzante de colegialas obsesionadas con la depilación de sus pieles o por recibir el fiero latigazo de su rector.

Un terror conjugado en femenino

En la escritura de Lina Meruane, se puede reconocer un terror de sobrada seducción y con especial atención a los territorios de la anatomía humana. Este empleo del miedo resulta muy característico en la producción de otras importantes autoras latinoamericanas como la argentina Mariana Enriquez o la mexicana Fernanda Melchor.

La violencia -ya sea explícita, autoinflingida o contextual- tiene una especial incidencia a lo largo de estos relatos, sobre todo padecida por los personajes femeninos. Es esa angustia al encarar situaciones violentas la que Meruane consigue trasladar brillantemente al texto, atrapando al lector con un sentimiento ambivalente de admiración e incomodidad.

La autora de Sangre en el ojo centra su mirada en los cuerpos femeninos como una forma de habitar el mundo, un punto en la geografía humana violentado y particular que, a través de su voz, trata de reivindicar su porción del discurso y su belleza autónoma. Así, la narración se detiene en porciones de piel, orificios, secreciones o miembros fallidos.

A su vez, los personajes se encuentran en constante contacto con lo siniestro desde la perspectiva más freudiana posible. No se enfrentan a terrores desconocidos, sino que observan cómo lo familiar y cotidiano se vuelve perturbador.

Portada de Avidez de Lina Meruane. | Fuente: Páginas de Espuma.

Situaciones límite

En el cuento «Tan preciosa su piel», un hombre abandona su casa, durante un confinamiento, armado hasta los dientes y dispuesto a cazar a los animales que han tomado las calles. Mientras la madre trata de proteger a sus hijos y los alimenta a base de vegetales, estos extrañan a su padre y poco a poco, bajo el influjo del hambre, va floreciendo en sus mentes ese mismo impulso patriarcal y violento que les volverá contra ella.

Meruane también emplea la ambientación distópica en «Reptil», especialmente escrito para este libro. En el relato, dos mujeres engendran a una hija que, sometida a las radiaciones, nace con una extraña mutación en forma de lengua. Algo parecido a «Doble de cuerpo» en el que una chica es sometida a una operación en la que se le extirpa a su hermana siamesa para convertirla en una mujer-ciborg biónica.

Quizás uno de los más impactantes sea «Función triple», en el que unas trillizas huérfanas encerradas en su casa con jardín se turnan para interpretar el papel de una madre que solo imaginan por retratos y álbumes de fotos. Las niñas realizan su juego de cachipún -piedra, papel o tijera en Chile- para que luego una de ellas se vista con los vestidos de la difunta mamá, se maquille y trate de ocupar su lugar a riesgo de fracasar y que las otras la apaleen.

La escritora Lina Meruane ha recibido, entre otros, el Premio José Donoso. | Fuente: Wikimedia Commons.

Una brutal avidez

En este último, como en muchos otros, Lina Meruane trata la supervivencia emocional de las infancias abandonas y el recíproco apoyo femenino. La avidez es, en su significado más estricto, un estado de ansia, de deseo intenso e infructuoso, pero sobre todo de carencia. La insaciabilidad está, en estos relatos, profundamente ligada a lo femenino, puesto que sus personajes suelen enfrentar un statu quo masculinizado que oprime -con insistencia o con su desidia- las existencias de estas mujeres y niñas.

Meruane retrata un mundo cada vez más desconectado de su propia humanidad, un contexto áspero para las individualidades más vulnerables. Como ya destacó Roberto Bolaño, su prosa «surge de los martillazos de la conciencia, pero también de lo inasible y del dolor». Precisamente de esa conciencia del dolor nacen estos relatos escritos durante décadas que manifiestan una misma obsesión y retratan su brutal avidez.

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