Es dócil un cuerpo que puede ser sometido, que puede ser utilizado, que puede ser transformado y perfeccionado.
Vigilar y castigar (1975)
Rodrigo Rey Rosa, uno de los escritores más reconocidos de Centroamérica, acaba de publicar Animal Colonial (Alfaguara). En esta novela, el autor guatemalteco disecciona el funcionamiento de una cárcel masiva de máxima seguridad ubicada en un país ficticio de Latinoamérica: Nueva Verapaz. Allí, entran aquellos delincuentes peligrosos y crueles que han cometido algún crimen atroz y que nunca volverán a ver el exterior, ya que se trata de una cárcel de cadena perpetua. Similar al conocido Centro de Confinamiento del Terrorismo que fue inaugurado en 2023 en El Salvador de Nayib Bukele y que, entre sus presos, ha albergado a inmigrantes deportados de EEUU por el gobierno de Trump. De igual manera, se cuelan entre las rejas de la cárcel de Nueva Verapaz —el Infiernón— almas inocentes que tampoco podrán nunca escapar. En Animal Colonial seguimos la pista de Esteban, que fue arrestado por tratar de grabar un documental de las maras.
El guiño a esa realidad en El Salvador hace de esta obra una tesis política fundida con un análisis de lo humano en su simbiosis con la máquina. Esta parte de la trama acompaña al doctor Rossignol, quien está llevando a cabo experimentos biotecnológicos con los reos, tratando de construir un cerebro conectado entre todos ellos. Una especie de conciencia colectiva, una mente colmena o un panóptico generoso; pues el propio doctor desea conectar su cerebro y compartir con el resto su comprensión del mundo y sus conocimientos. Con una ciencia ficción concisa y una tensión manejada a la perfección, la obra se adentra en los límites éticos de la tecnología y el control social. Escribe Rey Rosa sobre la inocencia, la culpa y la libertad que ha sido arrebatada. Sobre los poderes que se fuerzan sobre los cuerpos cansados, la corrupción arraigada y la necesidad de resistir los totalitarismos.
Entrevista
¿Cómo podríamos definir la inocencia en un mundo como este?
La idea es, más bien, que los supuestos culpables también son víctimas. Moralmente, según las ideas del doctor, muchos de estos chicos que están condenados son realmente víctimas que están reaccionando a una violencia que se les ejerce, y no es justo considerarlos culpables, porque no han podido escoger. Su maldad no es una maldad decidida, sino contextual. Se produce por el medio en el que han crecido.
Respecto al libro, que es sobre todo ciencia ficción… ¿a qué cosas se acceden a través de este género que no se pueden acceder de ninguna otra manera?
Lo que creo es que la ciencia ficción ya no lo es tanto, porque estamos ya en un mundo que hace veinte años se hubiera definido como ciencia ficción. Mira las ideas de Elon Musk, las propuestas de irse a Marte… son ideas metarealistas, pero no son ningún delirio. Es algo que se puede hacer. Yo he llegado a leer artículos en The Economist que decían que no había que preocuparse por el calentamiento global porque íbamos a poder hacer una protección metálica estratosférica o que son realistas las ideas de ir a poblar otros planetas ya que tenemos la tecnología. Yo creo que es una locura, pero realmente ya no se ve como ciencia ficción; se ve como algo que el ser humano podría hacer, que es bastante increíble. Eso era la ciencia ficción: las ideas de los viajes interplanetarios, la conquista del espacio… pero ya estamos logrando eso; no es una idea a lo Julio Verne, sino real. Son cosas que están pasando.
Lo que tú planteas aquí del cerebro compartido, se parece mucho a la inteligencia artificial.
Claro que sí. Creo que somos parte de eso ya. No nuestro cerebro en su forma física, pero si nosotros volcamos lo que pensamos en la Inteligencia Artificial, en cierta medida, estamos colaborando.
En relación a la simbiosis del ser humano y la máquina, ¿crees que la tecnología es ‘antinatural’ porque se produce bajo el sistema actual o crees que en su naturaleza tiene algo de ‘antinatural’?
A ver, es humano y natural porque lo hemos inventado y creado nosotros. Pero yo a veces pienso que puede ser mejor que los seres humanos. Porque los seres humanos estamos mostrando pruebas de ser tan malos… Tan nefastos para nosotros mismos, que tal vez las máquinas serán mejores. No puedo confiar en Trump o Abascal, puede ser que una máquina lo hiciese mejor y no sería tan maliciosa. Entiéndeme, que estoy exagerando, pero los humanos ya han dado muchas pruebas de ser lo peor de la creación. Yo preferiría estar sujeto a una ley animal pre-humana porque todo es más sensato en la naturaleza en cierta manera. Los humanos hemos creado cosas maravillosas, pero todo en base a la guerra. Todo el ingenio de la invención humana viene de la guerra. No sé si has visto 2001: A Space Odyssey. Ahí todo empieza con esa violencia, y justo es la guerra lo que crea esa posibilidad de viajar al universo. La guerra, no hacer el bien. Todo lo que nos ha llevado a las maravillas que hemos logrado ha sido para destruir al enemigo, y los enemigos somos nosotros mismos, es otro humano. Por eso tal vez con las máquinas nos iría mejor. La maldad no existe en la naturaleza, sino que hay necesidad. Pero en los seres humanos hay maldad. Esta perversidad e hipocresía, hay que ser humano para tenerla. Como decía Graham Green, el escritor inglés: “Nadie es más capaz del mal que un católico”. Porque mientras más eres capaz del bien, más eres capaz del mal; y las máquinas en ese sentido son neutras. Esperaría a que una máquina dominase a Trump o Musk y a ver cómo evoluciona… es otra novela que tal vez se me está ocurriendo: la salvación por la máquina.
Respecto a la hiperseguridad y la potencia de las fuerzas del Estado, la realidad es que hay muchas personas que están a favor. ¿Es un miedo construido o la gente lo desarrolla acorde a su realidad?
Yo creo que son ambas cosas. La gente tiene miedo y alimenta el miedo y esto hace que quieras entregar toda tu libertad para que te protejan. Pero le estás entregando tu libertad a gente que desconoces, que no sabes quién va a ser. Totalmente, el miedo domina a la gente.
Aunque el doctor tenga buenas intenciones, en un fragmento del libro dice: “Algunos los llaman demonios. Mirándolos con cuidado, pueden ser ángeles que esperan el perdón”. ¿Por qué el doctor cree saber lo que es salvación?
Él sabe que es superior a estos chicos, tuvo una educación privilegiada y tuvo todos los medios, mientras que estos pobres están encerrados en un mundo infernal porque no han tenido ninguna otra educación más que la violencia. El tema es que así está hecha la sociedad, el conocimiento no está al alcance de todo el mundo. Por lo general, históricamente, aquellos que tenían el conocimiento han guiado a los que no, como cuando los sacerdotes guiaban a los campesinos. El doctor no busca mejorar, sino dominar. Él es bienintencionado y comprende la perversidad de eso mismo. Quiere compartir lo que tiene con todos ellos.
En otro fragmento, cuando están haciendo la demostración del experimento por primera vez, el historiador dice: “Quería una crónica para la historia o el olvido, que pueden ser lo mismo” ¿Qué significa la inconsistencia de la historia para la gente y para el pueblo?
La historia la escriben los vencedores y ellos mismos borran lo que no les conviene. Si tú tienes un documento y quieres editarlo, lo haces. La historia ha sido así. Me parece interesante el momento actual porque se están reescribiendo todas las historias y podemos ver la otra parte, algo que no era posible hace un siglo o incluso medio siglo. Teníamos una versión y eso era. Ahora estamos revisando, es de las pocas cosas que veo buenas del presente.
¿Crees que todos los seres humanos queremos una libertad radical?
No.
¿Por qué?
Porque creo que la libertad da miedo, y por eso hay gente que prefiere la seguridad aunque eso suponga perder la libertad. Para sentirse seguros debajo de la bota de alguien, pero seguros. La incertidumbre da mucho miedo.
Sobre la autonomía del ser humano, ¿crees que todos los seres humanos estamos abandonando nuestra autonomía con demasiada facilidad?
Seguro. Es un tema que en otra novela, también un poco distópica, he tratado. Nos estamos entregando a la tecnología sin pensarlo y creo que luego lo lamentaremos.
Pero ¿por qué crees que no oponemos resistencia?
Un poco por inercia y porque el sistema nos lo exige. Nos absorbe la máquina, eso es lo que yo veo que está pasando. Yo, hasta hace poco, antes de irme a Grecia, no tenía teléfono inteligente porque no me gustaba pero con el COVID-19 fue imposible evitarlo. Si no tenías el teléfono para, por ejemplo, leer códigos QR, se te hacía la vida imposible. Ahí cedí, y ya se vuelve como una inercia, que a veces hasta uso la inteligencia artificial. Estoy completamente dentro del sistema y yo me temo que sí tendrá consecuencias para la libertad individual. Estamos muy controlados. Ahora con la IA, que procesa esos datos rapidísimo, probablemente empeore. Yo antes pensaba ‘¿A quién le importa a quién llame yo? No tienen tiempo para estar preocupados por estas cosas’. Pero claro, si ahora lo procesa una máquina, es distinto; pueden saber cuándo yo firmé una petición contra Trump, por ejemplo. Me siento completamente vulnerable y no voy a ir a Estados Unidos hasta que él caiga, porque sí se corre el riesgo real de que te identifiquen como enemigo y al entrar pierdas tus derechos. Y así le pasa a mucha gente. Te pueden pedir el teléfono y revisar las redes sociales, estás a su merced.
¿Hay un mensaje de esperanza en el final del libro que podría ser aplicado a la actualidad?
Siempre hay un resquicio de escape y esperanza para algunos. En ese sentido la novela es optimista, ya que algunos se escapan. En medio de todo siempre hay un margen de error que puede ser aprovechado y llevar a la libertad. Ningún sistema es perfecto. Mi mayor optimismo es ese.


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