Morir de un golpe de suerte

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Los sueños son algo muy incómodo. Pican, aprietan, se resbalan y nunca parecen ser exactamente de nuestra talla. Aun así, soñamos. Lo hacemos porque esperamos que, en algún momento, la vida diga que sí y entonces todo cambie. 

Soñar nos obliga a hacerle saber al mundo que soñamos, que va en serio y que no importa lo ingrato, frustrante y agotador que sea el proceso. Todo de pronto merece la pena si lo que nos mueve a la acción es la ilusión y la esperanza. Pero entonces, como una abeja que acaba de hundir accidentalmente su aguijón, el sueño se aleja y muere en el momento exacto en que se cumple. 

La boca llena de trigo, de Mayte Gómez Molina, es un experimento de azar. Un buen presagio que se hace realidad, complicando y desordenando las cosas hasta convertir lo familiar en extraño y la duda en la única certeza posible. 

Desde una soledad indefinida, Anna, protagonista de la novela, se enfrenta a esta realidad resignándose al primer éxito de su carrera. Embestida por el reconocimiento y las buenas noticias, se sumerge en un trance del que solo consigue salir por medio del autosabotaje, la desconfianza, y la fantasía de ser su peor enemiga. 

Encontrar una pasión y convertirla en tu trabajo es una decisión común pero no siempre la decisión acertada. El riesgo de apostar por esto es que, si sale bien, ya no seremos libres ni haciendo lo que queríamos hacer. Por esta razón, Anna está atrapada en un sueño que se ha cumplido y ahora su talento convive con la culpa, el desencanto, la ansiedad y la falta de sueño. 

No se alegró ni se entristeció. No llamó a nadie. Parecía que algo estaba a punto de pasar pero no sabía si era bueno o malo. Debería sentirse la persona más afortunada del mundo pero la emoción no llegaba.

La boca llena de trigo, Mayte Gómez Molina

El futuro se hace ahora y hay que estar a la altura. Por eso, no es de extrañar que el primer refugio al que volvamos después de cada pequeño triunfo terminen siendo nuestros propios errores. Es reconfortante encontrarse con ellos y reconocernos ahí, en lugar de identificarnos con todo lo que ha salido bien. Y desde ese lugar, la historia de Anna nos sitúa frente al hecho de que nadie sabe exactamente qué hacer con la suerte, (casi siempre llega de manera inesperada y lo más seguro es que, después de las recompensas, ya nunca volvamos a ser los mismos).

A menudo, haber conseguido lo que una vez deseamos altera un orden invisible de expectativas y proyectos. Y en este sentido, comprometerse con un sueño siempre resultará peligroso, emocionante y extraño. Porque, si la casualidad nos lo concede, ¿Hasta cuándo tendremos que demostrar que merecíamos el premio?

¿Lo merecíamos en realidad?

Quizás no sirva de nada preguntárselo. De todas formas, ya es demasiado tarde para salir de ahí.



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