Deleuze, Guattari y la ruptura molar a través del Middlemarch de Eliot
Pienso en el mundo abotargado lleno de luciérnagas. Nada está exento de la corrupción. Entre nosotros nos perseguimos, nos increpamos. Tazas como lunas nos arrojamos. Como lunas de papel. Pienso en la palabra escrita, la palabra dada. Con que fuerza nos permite dejarlo todo atrás. El lenguaje es hermoso, vituperable. Hay en él una influencia insana, una influencia bella. Es imposible. No podemos abandonar el aroma de la nuez.
En sus Mil Mesetas (1980), Gilles Deleuze y Félix Guattari nos impelen a pensar la idea de la transición perpetua. La idea del umbral. Fundación en tres categorías. Primero la línea molar: las binariedades subjetificantes (hombre mujer, sano enfermo), lo rígido y lo estable. En segundo lugar, la línea molecular: el otro lado, el lado de allá de lo molar. Flujos que se cuelan por las fisuras de lo molar. En ellas aparecen los devenires, los procesos de desterritorialización parcial. Aquí opera el alcohólico, y el drogadicto. Y en tercer lugar tenemos la línea de fuga. La línea que rompe con ambas anteriores: desterritorialización absoluta; liberadora o catastrófica; creación o psicosis.
Lo molar opera en la totalización. Lo molecular opera por flujos. Nos roza nos toca entonces la idea: el devenir. Uno no deviene otra cosa: uno no es A para pasar a B. No es ese el acto, robar ajenos zapatos y emprender el caminar. No. El devenir es entrar en la zona de indiscernibilidad o vecindad. Uno siempre se aleja de la línea molar en el devenir: uno deviene minoritario. Uno nunca deviene hacia el patrón o el canon: uno deviene hacia lo pequeño, lo despreciado, lo ajeno. El devenir entonces es no ya el umbral, si no la finalidad tras él. Fácil es el paso por el umbral: inaferrable la finalidad buscada. El devenir pensado como el aferramiento desesperado a aquello que hay más allá del umbral. Uno puede volverse adicto al paso entre estados.
En Middlemarch (1872), George Eliot nos presenta de manera realista en extremo, germen acaso del análisis y descripción psicológico, la vida de un pueblito ingles dominado por lo molar. Rigidez extrema de la costumbre y palabras como paneles de metal. En el ojo de la novela tenemos a una protagonista cuyo arquetipo comienza bello y pulcro, y cuyo devenir es molecular. Es decir, hacia lo sublime – y lo fatal. Dorothea Brookes: objeto de nuestro análisis.
Empecemos por un postulado: en todo movimiento hay una corrupción de lo tocado. La pulcritud (lat.: belleza) se rompe. Porque la belleza es pureza. Al menos etimológicamente. La belleza hasta ahora ha sido pureza. La pureza de lo no-tocado. De lo prístino, de lo blanco. Pero todo es tocado de manera primaria. Desde que uno nace está en contacto con el aire: el aire es nocivo. Las primer palabras de los padres de uno, un océano de fonemas y convención. Que la mente comienza a asir: a convertir en sentidos. Desde que uno es tocado uno es hundido/enredado en la maraña del significante/significado. Hundido en un mundo ya preconcebido. Continuamos.
Dorothea es una Santa Teresa sin oportunidades de grandeza. Así nos la presenta Eliot. Bella, religiosa, y de virtuoso pensamiento. De pensamiento virtuoso, pulcro. Apenas rozado por el mundo exterior. Es una delicia ser acariciado por su pensar. Elije el matrimonio con un erudito casi cadavérico: ella también quiere ser sabia, y otorgarle su vida a la Idea. Y así comienza el cambio molecular. La corrupción de la pulcritud de lo molar. Tan sutil que no es considerado: hay pequeña molestia, pensamiento evitado. Lo molar marido-mujer, hombre-mujer, erudito-solicita ayudante se resquebraja en cuanto comienza el contacto. Molécula a molécula. La belleza ideal de lo molar se rompe: entre las grietas, comienza el devenir de la Identidad.

La dispersión inmediata de la belleza/pulcritud se revela nuestro legado primario. Uno nace con una cosa valiosa: inaferrable. La belleza perfecta de lo no-tocado. Y esta se disuelve inmediatamente. Siempre estamos en un paso entre umbrales; un paso entre estados. Cada tacto es un con-tacto, influencia/mestizaje. Influenza. Para cada habitación hay un umbral, una puerta. El cambio – corrupción, contacto – es tan constante que ni siquiera es pensado. Este tema es interesante: la oclusión del pensamiento del cambio. Demasiado constante, demasiado rápido. En Middlemarch cada palabra de un vecino es una lápida, una losa. Cada palabra implica un cambio en la libertad del individuo, en su capacidad de acción. Imposición casi física de la convención. El pensamiento de los demás es nuestra prisión. L’Enfer, c’est l’autre. Buah, buah. El cambio no es pensado, es molecular. Según Kant: es lo permanente lo que nos permite conocer el tiempo, o su paso. Es lo permanente lo que nos da a conocer el cambio. Es el sustrato: la sustancia. Lo que yace por debajo.
Dorothea es Dorothea a través de Causabon que pasa entre estados y de Will. Pero Dorothea no cambia Dorothea. Es recta Dorothea. Sin embargo, hay un paso entre estados. Un cambio imperceptible – no pensado – causado por un mínimo fonema significante, por una frase elegantemente redactada. Hay un cambio que sobreviene a la materia, un accidente. Una grieta, chispa de autonomía largo tiempo postergada. La identidad de la cosa es formal tanto como material, es hile-mórfica. En una estatua que pasa a piedra que pasa a losa la materia permanece, cambia la forma. En Dorothea no permanece una materia inerte idéntica a sí misma, sino una continuidad corporal viva. El alma no es algo añadido desde fuera a la materia, sino la forma de un cuerpo vivo. La forma es la identidad. La materia sin forma no puede ser identificada, no es símbolo de sí misma ni de nada. ¿Cuál es la materia de Dorothea? Su carne y sus huesos. Sus labios/mirada. La forma es el alma. Su alma lentamente cambia. Se mantiene, pero cambia. Lo permanente es el sustrato identitario, que se mantiene por debajo de. Continuidad de la apercepción como unidad única y no múltiple a través del tiempo (el yo pienso). La apercepción del yo subjetivo, síntesis de lo diverso. A su análogo empírico le damos un nombre propio, una realidad concreta: Dorothea. Pero todo cambia en Dorothea. O casi.
No solemos pensar el cambio en su particularidad, sino en su totalidad. Pensamos el tiempo que corre, pero despreciamos el segundo desvaneciente. Nuestro duelo es por el despiadado paso de los años, y las décadas. El contacto con lo otro no es pensado como cambio. No es, al menos, reflexionado como tal de manera inmediata. El umbral de la palabra, del otro que se acerca y que se va. El paso por la literatura, la gloria del Otro y la caída del Uno. Son las influencias que construyen la interioridad. Interioridad como metáfora filosófica. El alma como aliento vital. Identificación de la forma con la materia: error de concepción. Inexacto. El alma da identidad a la materia, y aun así pensamos la forma como imagen de la materia (interior de un cuerpo cóncavo). Glándula pineal. Meta-ferein. Break on through to the other side. Jim Morrison era un erudito.
Cruzar el umbral te cambia íntegramente. El tocar transforma lo tocado. Es así. Intersubjetividad and what not. Las influencias lo hacen a uno. Por eso uno debe elegir las grandes influencias. Las personas que te tocan y te desgarran, te construyen roto. Es minúsculo microscópico penoso: no lo pensamos. Nos volveríamos locos si pudiéramos pensarlo. Sería como pensar en el ácaro, o la bacteria. A Dorothea la tocan, ella toca y deviene lejos de lo molar: entonces, la convención pierde su peso. Hay F U G A. Hay fisuras en el verbo, se res que br a j a la palabra. No importa ya su tío su yerno su vecino el testamento de su erudito. No importan ya. Se ha alejado, y en su devenir hace algo insólito; no solo cruza el umbral (ya que eso lo hacemos todos, adictos al devenir constante, alcohólicos empedernidos escapantes escapadores/ de la subjetivación escapamos). No. Agarra aferra firma el sello de la finalidad. Elije a Will: vilipendiado, pobre, polaco entrenador de ratones. Elije el cambio a través de la unión contraria a la convención. De lo molar-mujer-rica-respetable-pulcra pasa a lo minoritario-pobre-pitoyable-indigna-mancillada. Pero feliz. Pasa de triste a feliz. A Eliot se la ha criticado mucho por este final: lo han tildado de perezoso, y de decepcionante. Pero en él hay la más atroz ruptura molar. Pero no es psicótico. Or only slightly so. Es el devenir. Todos deseamos permanecer en el devenir. Pero algo siempre nos impele hacia atrás: hacia un último vaso. Míralo, alcohólico escaso. Querríamos acaso escapar: performemos, atroces, la ruptura molar. Organismo desorganizado, cuerpo abotargado. Hay cosas peores.
Los habrá que elijan la psicosis, o la muerte.


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