Desarticulación de la supuesta naturalidad de los mandatos de género a través del lenguaje de lo vivo
La naturaleza se ordena y reordena de maneras a veces perfectas y a veces aleatoria. En nuestra comprensión y observación de la misma, plasmamos nuestras interpretaciones que han sido crueles o también, muy generosas. En este artículo hablamos de la naturaleza como material de construcción para un imaginario de género que usa excusas de lo orgánico para manifestar los caprichos humanos, a través de la literatura espléndida y clarividente de Boquitas pintadas y poesías variadas de Mistral.
Manuel Puig presenta una sociedad muy encasquetada y poco flexible en sus roles de género, al estar representando la Argentina de los años 40, desde 1937 hasta 1948. Sin embargo, como explica Valverde en su estudio, muchas de las decisiones estéticas y narrativas del autor introducen una ruptura y una transgresión de estos roles de género que organizaban la sociedad. En Gabriela Mistral, aunque de manera más abstracta y oculta por la propia naturaleza de la forma de su obra –poesía–, se muestran protestas por la desigualdad de géneros y se pone el foco en la experiencia de lo femenino –que es, en ambas obras, simultáneamente, lo marginal–. Aunque se ha debatido en muchas ocasiones que Mistral presenta estas ideologías de manera moderada y comedida, estas son innegables en su obra. Por ello, a continuación, trataremos esas concepciones del género en los elementos de la naturaleza en los textos escogidos, y lo que ello puede significar, tanto como representación como posible transgresión y rebelión de la norma establecido en la época.
Lo que debería ser terso, pero es débil
En Boquitas pintadas, los principales personajes masculinos son Juan Carlos y Pancho. El primero de ellos representa una masculinidad hegemónica y agresiva, repleta de prepotencia y egoísmo. Engaña a las mujeres, es violento en sus entornos, acude todos los días a beber al bar y se concibe mejor que el resto. Esta masculinidad se muestra en relación a un imaginario de la naturaleza en múltiples ocasiones. En primer lugar, en su sepulto, donde está escrito “Aquí nací, pampa linda…” y “Crece la yerba mala”, que muestra un arraigo y pertenencia que se aleja de la ternura y el sentimiento de la casa para ser agresivo y bruto dentro de voluntad de hacer alusión al descanso tras la muerte en la tierra que te ha visto crecer. En segundo lugar, por ejemplo, cuando Nélida describe a Juan Carlos: “Nélida le miró la nuez colocada entre los dos fuertes músculos del cuello, y los hombros anchos, y sin saber por qué pensó en los nudosos e imbatibles árboles de la pampa bárbara: el ombú y el quebracho eran sus árboles favoritos.” Se muestra una comparación del hombre del que se está enamorada con la naturaleza robusta y tersa de la vegetación. De manera similar describe Raba a Pancho: “Pancho tenía una camisa de mangas cortas donde salían dos brazos musculosos cubiertos de espeso vello, […] Raba pensó en un gorila temible, con las cejas arqueadas y el bigote cubriendo en parte la boca grande” haciendo de nuevo alusión a los elementos más masculinos y feroces de la naturaleza.
Sin embargo, como Manuel Puig nos permite un conocimiento del interior de la vida de los personajes el lector no tarda mucho en identificar que estas compresiones de los individuos son erróneas. Juan Carlos, aunque cumple con el estereotipo de hombre machista, está siendo traicionado por su cuerpo que “debería” ser fuerte, pero tiene una tuberculosis que le está matando poco a poco. Como se muestra: “(Juan Carlos) Pensó en la posibilidad de beber constantemente cosas muy calientes y envolverse en paños calientes, […] para terminar con la debilidad de su aparato respiratorio.” Similarmente, Pancho acaba siendo apuñalado por Rabadilla, la mujer de la que abusaba: “… un corte de cuchilla de cocina […] que le penetró entre las costillas derecho al corazón, golpe este que una mujer no podría haber dado estando la víctima en posición vertical, pero sí en posición horizontal”. Al explicar esto, el autor reitera que Pancho era “ya para entonces un cuerpo indefenso”. Su supuesta fortaleza no les permite salvarse a sí mismos de la muerte.

Estas debilidades pueden verse reflejadas en dos poemas de Gabriela Mistral: Árbol muerto y Tres árboles. Mistral suele representar a la madre tierra y a la cordillera –siempre femenina – con una fortaleza inquebrantable. Sin embargo, en estos dos poemas, de manera similar a lo que les está ocurriendo a Juan Carlos y Pancho, los árboles están en decadencia y sufrimiento. En Árbol muerto, la poeta dice “un árbol blanco, roto y mordido de llagas/ […]/ ¡Y sube de la herida un purpurino musgo, como una estrofa ensangrentada!” representando así una criatura enferma y débil que además no tiene escapatoria o huida de su destino, puesto que sus raíces, que están profundamente arraigadas en la tierra, le impiden esquivar el fuego que le persigue.
En el poema Tres árboles, un verso dice “¡y se llevan los vientos la fragancia de su costado abierto!”, reflexionando por tanto sobre el hecho de que, a pesar del sufrimiento, la naturaleza sigue su curso. En este poema se podría identificar también una comparación a Boquitas pintadas respecto al duelo femenino por la muerte de Juan Carlos y Pancho en la última estrofa: “El leñador los olvidó. La noche/ vendrá. Estaré con ellos./ Recibiré en mi corazón sus mansas/ resinas. Me serán como de fuego./ Y mudos y ceñidos,/ nos halle el día en un montón de duelo.” El leñador representa un tipo de violencia ejercida sobre el tronco, y, tras esto, es ella, la narradora, la que se queda a esperar a la muerte junto a ellos, cuidándoles en la desesperación. De manera similar ocurre en Boquitas pintadas, cuando la viuda Di Carlo deja su casa para irse a Cosquín junto con Juan Carlos o cuando Nené ve su vida completamente trastornada por la muerte de Juan Carlos a pesar del tiempo que ha pasado: ejercen un duelo profundo y unos cuidados que nunca serían recíprocos por atender a los hombres que, cuando tuvieron fuerza y tesón, no cuidaban de ellas.

La regeneración de la tierra sitiada
A continuación, trataremos los elementos de la naturaleza que representan lo femenino en la obra, muy relacionados a este sacrificio recientemente mencionado, y que sobre todo demuestra una resiliencia admirable por parte de los personajes femeninos. Como hemos observado previamente, a los hombres se les describe como elementos de la naturaleza potentes y salvajes. En el caso de las mujeres, las figuras que se emplean son distintas. Por ejemplo, en el diálogo que eventualmente conduce al romance de Pancho y Mabel, se introduce a un narrador omnisciente que, junto con el diálogo previo, genera un momento de gran sensualidad, enfocado de manera no explícita en el cuerpo. “Suavidad de terciopelo, pétalos frescos rosados, se abren, un hombre los acaricia, huele el perfume, corta la rosa”.
Al mismo tiempo, se hacen alusiones constantes al higo como elemento sexual, que genera tensión entre ambos personajes. Las figuras naturales por los que se opta para expresar lo femenino son mucho más delicados y suaves. No obstante, cuando Pancho piensa en Nené (en comparación a Rabadilla), afirma lo siguiente “La otra no tenía el pelo duro brotándole de la media frente: […] no tenía el entrecejo unido de lechuza y el blanco del ojo amarillento: […] y la nariz un poco aguileña pero la boca rosada […] Nené no era una india bruta.” En este fragmento, así como en otros pasajes del libro, se observa que se genera una dicotomía entre la mujer blanca, como es Nené, y la mestiza, como es Rabadilla, utilizando elementos naturales mucho más asociado a lo masculino para describir a la segunda mujer, y poniendo el foco en la perspectiva racista y clasista que también estaba muy presente en la sociedad de la época.

En Mistral, sin embargo, las imágenes de la naturaleza más relacionados con lo femenino suelen ser figuras grandiosas, como la cordillera, el agua y las montañas. La autora siente un profundo amor por su tierra y habla de la agrupación montañosa como una madre que siempre la acompaña. Por ejemplo, en su poema Montañas mías dice «En montañas me crié/ […]/ Parece que nunca, nunca,/ aunque me escuche la marcha,/ las perdí, ni cuando es día/ ni cuando es noche estrellada,/ y aunque me vea en las fuentes/ la cabellera nevada,/ las dejé ni me dejaron/ como a hija trascordada.” Esto demuestra que ella siente que nunca será abandonada por ese horizonte de montañas, que representa simultáneamente a la madre, y no es una exposición tierna y volátil, sino potente, esencial y establecida. También, en el poema de Cordillera, la autora afirma que “Caminas, Madre, sin rodillas,/ dura de ímpetu y confianza;/ con tus siete pueblos caminas/ en tus faldas acigüeñadas” aludiendo a la constante presencia y a los cuidados aportados al pueblo, como cuando en otra parte del poema indica que la cordillera va “amoratando la higuera” queriendo representar que hidrata y nutre a los suelos, como a los pueblos.

Como última cuestión relevante, mencionaremos que en ambas obras se expresa una preocupación por los abusos y el potencial truncado de lo femenino por parte de la violencia y prepotencia masculina. En el famoso poema de Mistral Todas íbamos a ser reinas, se representan los sueños de las mujeres de lo que pudo haber sido, pero nunca fue: “Todas íbamos a ser reinas,/y de verídico reinar;/pero ninguna ha sido reina,/ ni en Arauco ni en Copán.” Tras esto, describe las limitaciones a las que se enfrentaron: una de ellas se casa y otra cría hijos. En Boquitas pintadas ocurren sucesos parecidos. Por ejemplo, el caso de Mabel, en el que una vez establecida en Buenos Aires, siempre tiene que esperar a su marido para salir de casa y poder disfrutar de la ciudad. De igual manera, la Raba tiene el bebé de Pancho, un hombre que no la ama y ha abusado de ella, siempre con esperanzas de que él volverá, llegando incluso a llamar a su hijo por el nombre de su padre: “¿Cuál era en ese momento su temor más grande? En ese momento su temor más grande era que Pancho volviera y repudiara a ella y a la criatura.” Aún con esto, las mujeres demuestran una voluntad de protección y cuidado hacía los hombres que muchas veces no comparten ni entre ellas mismas. Pero Puig, como ya hemos analizado, también pone el foco sobre el hecho de que estos hombres, por mucho que abusen de su poder y ejerzan violencia, acaban construyendo existencias degradadas marcadas por la insatisfacción y el vacío.
En conclusión, la naturaleza es un elemento inherente a la creación artística y literaria de estos autores y, al igual que sus obras y las realidades que representan, esta está impregnada de concepciones de géneros que se expresan con múltiples recursos. Como hemos visto, Manuel Puig opta por emplear elementos de la vegetación para describir la dicotomía de género entre sus personajes, incluyendo siempre un elemento de ruptura intrínseco: aunque los personajes masculinos aparentan ser robustos árboles, tienen llagas internas. Esto también es expresado por Mistral en su poesía, que sabe representar y curar dichas llagas. En el mundo de lo femenino, el autor de Boquitas pintadas emplea las descripciones mediante elementos de la naturaleza para introducir los conceptos problemáticos del racismo y la desigualdad de clase en la manera de ejercer violencia de los hombres. Mistral, en cambio, presenta a la mujer como elemento perenne de la naturaleza: montañas que siempre están ahí para cuidar y nutrir la sociedad siempre con la conciencia de la limitación que los hombres han impuesto sobre ellas.
A través de imágenes orgánicas de árboles heridos, cuerpos enfermos y montañas maternas; ambos autores desarticulan la supuesta naturalidad de las jerarquías de género. Lo masculino, asociado a la fuerza y la dominación, aparece atravesado por la fragilidad y el deterioro, mientras que lo femenino, pese a su asociación a lo vulnerable y lo marginal, se ordena como espacio de persistencia, cuidado y regeneración. La naturaleza se convierte en un lenguaje que muestra las fisuras del orden de género y su construcción cultural inestable. Se revela que las identidades y relaciones de género están siempre en proceso de transformación, tensión y reconfiguración.

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