El Caos teogónico o el lecho del Ser

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Del génesis de Caos en la Teogonía de Hesíodo a través de la dialéctica del devenir

“Y uno podría suponer que Hesíodo fue el primero en buscar una tal cosa (una causa primera), o cualquier otro que pusiese el amor y el deseo entre las entidades como su primer principio.”

Aristóteles, Metafísica, Libro Alfa IV. 

Orígenes: Caos. Deriva de la raíz proto-indoeuropea χα y denota un espacio abierto o una brecha. La literatura sánscrita aporta pruebas sustanciales del uso de la misma raíz en un sentido cosmogónico. En los Vedas y las Upanishads, kha (abertura, brecha, cavidad) y su derivado ākāśa (espacio) definen un espacio puramente principial, del cual y en el cual ocurre la manifestación cósmica. Es decir: Caos es el lecho del ser. Κόσμος (cosmos) significa “orden”. γέννησις (génesis) significa “nacimiento”. Cosmo-gonía. Caos es la condición inmediata para el nacimiento del orden. La naturaleza/φύσις tiene un orden infinito e inexorable. When I was just a little girl. Todo lo que es es ordenado. Caos, pequeñito Caos, Caos querido: es el lecho de todos los seres. Y, en otro sentido /de otra manera/ es la precondición del Ser. 

Ser nombrado es sinónimo de entrar-en-existencia; es sinónimo de devenir. La Teogonía es una enunciación de nombres divinos. El nombre Caos simboliza la etapa inicial de una realidad pre-cósmica, un hueco bostezante o un abismo. Dado que se posiciona al principio de las cosas, no puede ser imaginado siguiendo las leyes de la perspectiva o la dimensión. Es el primer nivel de la articulación del κοσμος (orden), el límite del proceso cósmico más allá del cual la representación mítica no puede ir. Sin embargo, no es una causa generadora de sustancia como los αρχαι (archai) Milesianos; no recoge dentro de sí las semillas o potencialidades de todas las cosas. I asked my mother, «what will i be?» No es más que un hueco, una paradoja. Perezoso, abrupto, primario. Et néanmoins… Impoluto, gracioso, ordenado.

ἤτοι μὲν πρώτιστα Χάος γένετ’· αὐτὰρ ἔπειτα
Γαῖ’ εὐρύστερνος, πάντων ἕδος ἀσφαλὲς αἰεί,
ἀθανάτων οἳ ἔχουσι κάρη νιφόεντος Ὀλύμπου,
Τάρταρά τ’ ἠερόεντα μυχῷ χθονὸς εὐρυοδείης,
ἠδ’ Ἔρος, ὃς κάλλιστος ἐν ἀθανάτοισι θεοῖσι,
λυσιμελής, πάντων τε θεῶν πάντων τ’ ἀνθρώπων
δάμναται ἐν στήθεσσι νόον καὶ ἐπίφρονα βουλήν.


En primer lugar nació Caos; después, Gea, la de ancho pecho,
sede siempre segura de todos los inmortales
que habitan las cumbres del nevado Olimpo;
y el tenebroso Tártaro en lo profundo de la tierra de anchos caminos;
y Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales,
el que afloja los miembros y domeña, en el pecho de dioses y de hombres,
la mente y la prudente voluntad
.

(Hesíodo, Teogonía, vv. 116–122.)

Hesíodo extiende su especulación hasta el origen mismo del cosmos. ¿Por qué razón no es capaz entonces de ir un paso más allá, de pensar un principio primero? ¿Qué le impide aventurarse a imaginar el génesis del Caos? Tal vez su pensamiento no ha descubierto todavía los procesos básicos de la φύσις (la naturaleza), y por ende los límites de su razonar no son otros que el mito. Sin embargo, la tríada planteada al comienzo de la obra nos desvela su reconocimiento de la pluralidad del mundo de la experiencia. Gaia, Tártaro y Eros. Y es en la interrelación de los miembros de esta tríada que podemos inferir un sistema de relaciones bello y concatenado. Will I be pretty? Y aunque el interés original de Hesíodo pudiese ser (y muy probablemente fuese) más moralista que cosmogónico, es decir, enunciar la victoria de Zeus y los valores con él relacionados por encima de los titanes, nosotros encontramos en este primer trío de pulsión una fuerza y simplicidad que nos desvelan los elementos básicos de la dialéctica del existir. Will I be rich? Un forcejeo contrito y salvaje entre el ser y la nada: entre los grandes espacios vacíos y la empeiria, la tangibilidad de los objetos. ¿Cuál es, sin embargo, la antítesis de la nada? E incluso anterior a esto: ¿es Caos la nada? ¿Es la nada el vacío? Un espacio bostezante, un abismo. Apariencia desértica y yerma, aniñada escondida fertilidad. Y entre la nada y el ser hay sin duda una chispa, un momento de bello despertar.

Intentemos no caer, exhortémonos a ello, en puzles presocráticos que nos impidan la nada pensar. Parmenides this, Parmenides that. Al articular la nada ésta se convierte en algo. Hablemos de la nada y del silencio, y encontremos el disturbio esencial en la contra-dicción. Sera dicho lo contrario. Será dictado docto. Será. Invocaré realidades al hablar. Romperé el silencio. Será dicho, docto. Ayer éramos otros, hermanos niños/ niños hermanos. Océanos primigenios que rodeaban orbes terrosas, nubes acuíferas hermosas. Here’s what she said to me. Uno se despierta del sueño de un titán; el titán se hace de carne y hueso. Hermosa nuestra dialéctica. Volvamos al esquema inicial. El ser puro está vacío de contenido y en ello se vuelve gemelo idéntico de la nada total. Indistinguibles. Sus verdades intrínsecas no pueden ser individuales, sino que deben estar encerradas en su movimiento contra el otro. Este movimiento es el devenir. Tesis: el ser. Antítesis: la nada. Síntesis: devenir. Lo que causa el cambio en el interior de la dialéctica es la inestabilidad interna del concepto mismo. El ser puro no puede seguir siendo sí mismo, ya que, al faltarle toda determinación, es indistinguible de la nada. Entonces, deviene. Que sera, sera.

Si jugamos a interpretar en Caos la nada, el ser deberá ser todo lo demás. Esta es entonces la dialéctica principal. Eros, Tártaro y Gaia. La trinidad del ser. En términos freudianos: pulsión sexual, pulsión de muerte, pulsión de perseverar. Whatever will be, will be. El nacimiento de estos tres seres primordiales tiene esto por condición: la fuerza asediante de la contradicción interna – de que la nada más total, el vacío más primordial, sea personificado en una entidad – que uno le dé el nombre de Caos a la nada innombrable. El concepto mismo de la nada se desestabiliza hasta volverse escurridizo, indómito, cambiante. Se convierte en algo, cambia su naturaleza primaria. Todo por el simple acto de nombrar. Se engendra así el primer devenir, querida nuestra tríada, que será desormais condición posibilitadora de todos los demás. Parménides tenía razón: la nada no se puede nombrar, no sin que se transforme en algo. Nombrar es un génesis que evapora la nada en su esencia. Un nacimiento, tal vez una tragedia. Caos es nombrado y esta contradicción contamina corrompe la pureza de la nada total, desestabilizando el no-ser, dando a luz a la dialéctica. 

El funcionamiento posterior de Tártaro como abismo vivo e insondable, prisión de monstruos más allá incluso del Hades, preséntase imagen viva de la muerte, representación caricaturesca, grotesca y comprensible de la nada una vez corrupta su esencia innombrable. The future is not ours to see. Gaia se comprende con la sencillez de la vida y la intuición inmediata de la experiencia. La aparición de Eros en la fase inicial de la cosmogonía indica que Hesíodo le distinguía de manera abstracta como ser personificado, como causa casi-demiúrgica del proceso de generación divina, ya que reconocía el movimiento inexorable hacia la diferenciación más allá del nivel mínimo representado por Caos. Eros significa el mecanismo; Gaia se puede vislumbrar como la matriz de la creación. Eros no es otro que el mensajero alado que permite el paso de la vida a la muerte, del ser a la nada y de la nada al ser. En lo erótico está la pulsión que crea ese suave balanceo entre este mundo y aquel, entre Perséfone y Hades. No es casualidad que sea Eros el último de la tríada; comunicación misma entre Tártaro y Gaia. Ligamento que posibilita el instinto primario de la φυσις/naturaleza, que vive y muere en prístinas limpias transiciones. Cuyo cuerpo se enreda una vez más con la tierra, mas una vez, engendrando de nuevo la respiración. Eros es el instinto que acerca la abeja al dulce néctar de las flores presumidas. Colores rebosantes, futura escena del crimen de putrefacción. Proceso inevitable el polinizar. Inexorable el paso entre estados. 

Eros de nuevo plural nacido último, y sin embargo. Caos como condición del pensamiento mismo de la existencia de los seres, también los seres materiales. Caos: la imposible cosificación de la nada. Un abismo vacío, un chasm. De esta contradicción inestable nacen los seres: y es el primer devenir del Ser. ¿Es que no lo veis? Antes de nombrar a Caos la nada es pulcra, calma en su perfección. Lo contrario de negra: es blanca, blanca como la paz es blanca, como es blanca la paloma. La nada es pura. Y entonces es nombrada. Pobre y limitado lenguaje, lenguaje destrozante. Lenguaje ennegrecedor ennegrecido. Puente destartalado hacia los objetos, insuficiente entre alientos, irascible entre amigos : el lenguaje. Nombrar implica bringing forth. Sacar de su ocultamiento. Nombrar implica un devenir. Pero lo perfecto no puede nacer sin deformarse. La estabilidad se rompe. La pureza deviene matrona: su abrigo, un baluarte. D’autre quelque chose. De esta contradicción interna nace la chispa primera que permitirá a su vez tardío el homérico aliento vital. El alma. Pero no nos adelantemos. El aliento último de los héroes no llegará hasta milenios después de la caída del titán. Antes caerá Ilion. Patroclo caerá. Aquiles deviendra. Elegirá la gloria, del aqueo el final. Héroe entre héroes, el héroe en su bondad. Paris lanza la flecha. Aquiles cae. La mujer de Hector llora de rodillas. Caos: primer abismo bostezante, fértil. Lecho de dioses y hombres. Que sera, sera. Caos, precondición del Todo. Oculta premisa del Ser. What will be, will be.

Que sera, sera.

What will be, will be.

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