‘El Gé y De Chill’: todo lo que tienes que saber y sentir sobre el ‘chemsex’

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Aproximadamente desde el año 2012, se comenzó a hablar del chemsex como una actividad basada en el «sexo intencional, principalmente entre hombres que tienen sexo con otros hombres (HSH), bajo la influencia de drogas psicoactivas». Un fenómeno que Emma Demar e Iván Zaro abordan en su nuevo volumen, publicado por la editorial Dos Bigotes, que combina la obra de teatro, El Gé, y la guía para la reducción de riesgos y daños del chemsex, De Chill. Pese a sus particularidades e intencionalidad, no nos encontramos ante algo del todo nuevo.

En el año 186 a. C., el senado romano aprobaba el Senatus consultum de Bacchanalibus, un decreto que prohibía la realización de bacanales en toda la república salvo en casos muy excepcionales. En estas celebraciones consagradas al dios Baco, los asistentes disfrutaban del excepcional vino, la compañía y, lógicamente, del sexo.

Las autoridades romanas no toleraban estos festines del placer y el culto al cuerpo. A sus ojos, estas reuniones clandestinas e íntimas eran un riesgo para la república. En sus domicilios, los asistentes, en la libertad del vino y las caricias, podían conspirar en su contra. No deja de parecer curioso que, aun a dos siglos de distancia del nacimiento del cristianismo, ya se arremetiera duramente contra una libertad sexual muy común en la antigüedad. Parecían advertir lo que Iván Zaro expresaba en Bigoteando, el podcast de la editorial: «El sexo es lo más subversivo, lo más punki, porque dejamos de producir y nos limitamos a ser».

Siguiendo esa falsa moralidad, cualquier actividad que conlleve el uso de drogas recreativas con fines sexuales se ha visto envuelta por un velo de estigma que desprotege y deja en una posición de vulnerabilidad a quienes la practican. El desconocimiento y la LGTBIfobia despliegan sus garras sobre las personas que practican el chemsex. Para remediarlo, para arrojar un poco de luz sobre este asunto, ha llegado este libro transversal, conmovedor y divulgativo. “Comprenderlo todo es perdonarlo todo”, afirma un dicho francés. No podía estar más desencaminado. Comprender nos da una oportunidad para protegernos y proteger a los demás.

El Gé

El dramaturgo y guionista argentino, Emma Demar, nos permite entrar en la casa de Paco, un hombre que se enfrenta a sus miedos y traumas con la presencia constante del chemsex como catalizador de sus silencios, ausencias y recuerdos. En el salón en el que nos encontramos, Paco comparte una interminable noche de deseo, drogas y una soledad plagada de cuerpos. Así, esas cuatro paredes son a la vez un campo de batalla y un refugio inexpugnable.

Una de las mayores virtudes del texto -interpretado alrededor de toda España por el talentosísimo Avelino Piedad- es su capacidad para mostrar perspicaz y generosamente la historia de Paco, una historia que atraviesa a toda una comunidad. Demar no moraliza, no opina, no lanza máximas indiscutibles, se limita a exponer una realidad cotidiana vivida por miles de varones a lo largo y ancho de todo el mundo. Una vez deambulando por sus páginas, el lector es incapaz de echar la vista a otro lado; ahora no, no puede escapar e ignorarla, está atrapado frente a un reflejo que le escupe con toda su verdad. Se trata de una obra valiente, rompedora y necesaria. Nadie se había atrevido a abordar de este modo el chemsex. La cultura, como en este caso, tiene pocas veces la capacidad de acariciar la subjetividad del público y, de ese modo, logra lo que estaba destinada a ser: un categórico antónimo de la soledad.

Esta obra de teatro, sin la intención de destriparla, tiene dos grandes protagonistas además de Paco y del propio espectador. Uno de ellos es el , que da nombre al texto. Se trata del GHB/GBL, una droga que, según el Ministerio de Sanidad, es «es un potente depresor del sistema nervioso central que inicialmente puede producir sensación de bienestar y euforia».

«El Gé se usa, en teoría, para limpiar neumáticos. Y el pudor. Uf, ya me estoy poniendo cachondo»

Así lo explica el propio Paco. El otro personaje principal es la Mefe. La mefedrona, también apodada «comida para cactus», «sales de baño», «miau» o «CatMef». Es una de las alternativas principales a otros psicoestimulantes como el MDMA o la cocaína. Tal y como afirma Iván Zaro, proporciona «euforia, estimulación, sensación de energía, incremento de la confianza, excitación sexual y sentimientos de empatía». Según el protagonista de esta historia, la Mefe es «una explosión de serotonina en la mente, por lo que todo lo que te propongan te vendrá bien. Estés donde estés, te pones una raya y todo te parecerá bien». Ambas sustancias son, en esencia, profundamente peligrosas ante el consumo inconsciente e irresponsable de las mismas. Para ello, existe la segunda parte de este volumen: De chill.

De chill

Iván Zaro firma De Chill, una guía para la reducción de riesgos del chemsex. Zaro es trabajadro social, investigador, activista de la salud sexual, VIH y consumo de sustancias. Con todo el conocimiento y una convincente capacidad de síntesis, expone las motivaciones y condicionantes que posibilitan la práctica del chemsex, el rol que juegan las apps de citas, los efectos y peligros de las sustancias que suelen consumirse, la responsabilidad compartida y, por supuesto, la importancia del consentimiento como núcleo de las relaciones sexuales.

Lejos del blanqueamiento o la romantización de estas prácticas, Iván Zaro aprovecha para advertir y concienciar. Es imposible prohibir esta práctica, puesto que la intolerancia no lleva a ningún sitio. Pero aún se puede proteger a sus usuarios por medio de la información. Romper el estigma ligado al chemsex y a las relaciones sexuales entre hombres en general -bien lo sabe Zaro- puede salvar vidas. Su objetivo es toda una declaración de intenciones: «Hay que cuidarnos como comunidad». Así, las dos pioneras obras que conforman este volumen publicado por Dos Bigotes demuestran cómo comprender es sinónimo de ayudar.

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