La impureza contemplativa

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Me perdí en el lenguaje mientras limpiaba una mancha y miraba por la ventana

Me adentré en la Suciedad desde la imperfección. 

Creo que Jean Noël-Vuarnet era un hombre de cerveza. El vino puede que fuera de su agrado pero al hablar del acto poético desde la impureza, diría que la cerveza se acerca más a su personalidad. Seguro que hubiera visto Shingeki no Kyojin. Desde una contemplatividad activa, sus textos me zambulleron en un ideario nuevo para mí, el ensayo poético. Se lía mucho, habla demasiado, es como leer dentro de una olla de un cocido y que el caldo te moje las páginas y cuando crees que vas a ahogarte entre garbanzos y tocinos, aparece un pie de página que reparte equitativamente los platos. Tu, en uno de ellos, tienes la suerte de llevarse la morcilla y el tocino. Del mismo modo y con sudoraciones nocturnas leí Te di ojos y miraste las tinieblas de Irene Solà. Un libro gástrico y humorístico. Después de ver mis subrayados noté que trataban sobre gestos y adjetivos exagerados. La mancha es algo desagradable, en general, nunca nadie quiere ir manchado. Machacado. Esa impureza autoimpuesta, el ir hecho un trapo o con los zapatos sucios, es un acto de resistencia consciente. La trama en esta novela se ahorca a sí misma, es como si la escritora se anudase los dedos para no dar claridad, vive en la penumbra constante, dentro de un contenedor y una chimenea. Ambos, sin conocerse, me llevaron a puntos similares. Pensar sobre la impureza. 

¿Es posible una creación impura?

Si. No hay otra opción.

La noción de impureza es tan contemporánea como contemplativa. Recomiendo sus lecturas, lentas y rápidas, en buses y en trenes, sobre mesas camilla y en comedones públicos, en bancos de la calle y en los asientos de los bancos. 

Desde mi salón en Bilbao veo el cielo. El perímetro de los edificios, a la derecha (solo un poco más altos que mi balcón) tapan el cuello del cielo. Su forma neoplasticista, con tuberías y barandillas, escaleras y diagonales de persianas me hacen pensar en los pliegues de las sábanas que acabo de recoger del tendedero. ¿Por qué hay cosas blandas y cosas duras? Normalmente las cosas blandas se manchan más fácil que las duras, una mancha que traspasa la sábana o el aceite de un trapo. Las vigas no se manchan tanto, los escupitajos no se pegan a las barandillas. 

Hoy volví a mirar a la ventana del salón. Suelo escribir dentro de prisiones. La mirada de un preso buscando las nubes a través de los barrotes. Vi el edificio de enfrente más sucio de lo normal, gris anaranjado y cristales mojados. No llovía pero mojados estaban. Es que es tan difícil no solapar imágenes. Todo esto tiene un aire al Mal Querer de Rosalía, ¿no? Jean Noel habla del perfil incompleto del artista y de cómo ese espacio genera una incomprensión. Y creo que este perfil siempre será incompleto, es en la brecha del lenguaje donde aparecen las prácticas artísticas, la búsqueda va haciendo el camino y cuando trazas el camino solo hay que mantenerlo hasta que se gaste su comprensión, para buscar otro, luchar por otro, luchar contra otro. La masía donde ocurre la novela de Irene Solà huele a muerto y a madera. En una de sus habitaciones Rosalía compuso su Mal Querer y en el salón Jean Noel escribió El Discurso Impuro. Por ahí es a donde voy. De noche los poetas dan más miedo que los lobos y que los ángeles. 

Simplemente voy hacer una recolección de citas que me fascinan de los libros comentados:

Los poetas son hombres que se niegan a utilizar el lenguaje… y que han elegido de una vez por todas aquella actitud que considera las palabras como cosas y no como signos. (Vuarnet. 2018. p. 48)

El prosador escribe, es verdad, y el poeta también escribe. Pero estos dos actos de escribir no tienen en común más que el movimiento de la mano que traza las letras. En cuanto a lo demás, sus universos permanecen incomunicables, y lo que vale para uno no vale para el otro. La prosa es utilitaria por esencia; definiría de buen grado al prosador como aquel hombre que se sirve de las palabras. Monsieur Jourdain hacía prosa para pedir pantuflas y Hitler para declarar la guerra a Polonia. (Vuarnet. 2018. p. 48)

Hablar no puede ser entonces formar frases. Es más bien deformar, mantener una relación no con el orden sino con el caos, no con el fondo o el fundamento sino con lo sin fondo, no con el ser sino con la inanidad. Y os lo he dicho: ni obra, ni lenguaje, ni palabra, ni espíritu, nada. Nada, sino un bello pesa-nervios. (Vuarnet. 2018. p. 64)

… palabra sin telos: sin tierra y sin fin … — Pero entonces, ¿cómo creer en la palabra? Uno corre el riesgo de no decir más que su propio interior. ¡Al haber abandonado la presa por las sombras, mono de la letra o de las letras, perderéis punta, sentido y propiedad! ¿Qué convicción predicar, pues, sino tal vez la de los convencidos — sí comentar ya no es recomponer, ni servirse de algo, ni enseñar? (Vuarnet. 2018. p. 116)

Al leer, me leo — pero no me leo solo a sí mismo. (Vuarnet. 2018. p. 118)

La escritura de fragmento nos sitúa en aquello que este autor denomina igualmente el desfondamiento universal: Por desfondamiento hay que entender esa libertad del fondo no mediatizado, ese descubrimiento de un fondo por detrás de cualquier fondo, esa relación del sin fondo con lo no fundado… Esa producción discontinua de simulacros mediante los cuales queda arruinada, impugnada, la idea misma de un modelo o de una posición privilegiada. (Vuarnet. 2018. p. 234)

Siendo el «robo de letra» aquello que nos hace a «todos miserables» y aquello en los que encontramos lo buscado — no pudiendo prescindir de pretextos (es decir, del discurso que hereda y rehace), no siendo el libro respecto a sí mismo más que su propio post-scriptum, o, como diría Jean-Paul: no siendo el libro, tal vez, más que un apéndice sin libro. (Vuarnet. 2018. p. 321)

Margarida le decía, «No huyas, no te vayas». Pero él se reía. Como si hiciera una broma para sus adentros y solo él se la riera. «Las mujeres os aferráis a los sitios», respondía, «os atáis como perras. Al pasado, a las casas, a los hijos, a las cosas». Y se iba feliz dándole la espalda. Contento de irse. (Solà. 2023. p. 41)

«¡No es por presumir, pero yo me sé de memoria más de doscientas canciones! Y, entre los músicos sin solfa, soy de los mejores». (Solà. 2023. p. 87)

Y Àngela realmente no entendía que una pena pudiera durar tanto. (Solà. 2023. p. 97)

-El hermano mayor y el hermano mediano se fueron a recorrer el mundo, pero el pequeño no. Cuando se cumplió el año, los dos hermanos mayores volvieron a casa, se acercaron a la cama en la que se consumía el padre, y el mayor dijo, «Padre, el burro es para mí». El padre enfermo preguntó, «¿Qué has hecho? ¡Dime!». «Era verano», contó el hermano mayor, «estaba nadando en la poza de un río cuando, de pronto, me dio tanta pereza que no podía mover ni un brazo ni una pierna. Me ahogaba, pero no salía del agua por pereza. Menos mal que una gente me vio y me sacó del río ya medio muerto.» Pero el segundo exclamó, «Padre, el burro es mío. Soy más perezoso que el heredero». «Explícate», dijo el viejo. «Era una noche helada de invierno y estaba junto al fuego, en una casa a la que había llegado poco antes. Del fuego saltó una brasa y me cayó en el pie, pero yo, por pereza y por lo agusto que estaba, no me la sacudí. Me entraron ganas de quitármela por lo mucho que me quemaba, pero la pereza era más fuerte. Hasta que la gente de la casa, al notar el olor de carne chamuscada, me la sacó.» El menor de los hermanos no decía nada. «Y tú, hijo mío, ¿qué has hecho?» preguntó el padre. El chico bostezó y dijo, «No le contesto, padre mío, me da pereza hablar». Volvió a bostezar abriendo la boca mucho más, y el burro fue suyo. Y unos días después, el padre murió y, por pereza, lo dejaron sin enterrar. (Solà. 2023. p. 109)

Porque solo se reía y decía «esto» o «eso» o «aquello» cuando no se acordaba de las palabras, y se expresaba con tanta imprecisión que costaba mucho entenderla, decía «pote» y quería decir <<bol», decía «cabra» y quería decir «perro», decía <<carne» y quería decir «queso». (Solà. 2023. p. 152)

La impureza es pureza puesta en común
Cartel de un kiosko dado la vuelta por el viento, parece la piel de una animal. Foto de Daniel Domínguez Romero

19 de Abril

Desde la atenta mirada de la montaña, ruido, pero una sensualidad de testigo y despacio, saltan dos o tres ranas detrás de la alberca. Sin acelerones ni movimientos ni cables ni místicos, solo hubo un cambio de loseta color miel, limpieza de hierbas, transparente verde, sale palante y se peinan las hojas. Impuro campo. Te chupo. 

Me agacho hasta las rodillas quitando, con frío en los tobillos, porque no tengo ropa de campo, los trozos de plantas movidas por la lluvia, suelo mojao y seco a la vez, picando el suelo al andar. Los pollos, futuros asados, damas de camisas grises con pintitas blancas y negras. 

Tango miraba, me hice su amigo, chupa mi nudillo, muerde con amor y se tumba en su cadera, cómodo, amable, me mira. Grande de oreja, tranquilo, te baila en la cuesta y te empuja sin querer. 

¡Ui que Sol!

Alimento para el ojo y para las manos.

Las arrugas de mi mano, tiemblan cuando recuerdo la luz dulce del cardo recién cortado. Pinchazo risueño, sin semillas. Te callan en el chaleco, te callan en las botas, pisando primaveras, fuimos a ver un cauce de riachuelo y la huerta volvió a verse con el Sol. Con tu gusto, con la zona mojada, tumbada, malhumor desbrozando, lo que quitó, huele a lo que pincha. Y eso le gusta a las yeguas. Se lo comen, entre su distraído sentimiento, con tu distraída mata de yerba, con tu distraída ilusión, tras las puertas cerradas, invaden a las otras (perdí la visión).

Se me enfrían las manos de la mañana todavía tambaleante, y floja, no quiere que se llene de nubes, el árbol de en medio calienta sus raíces por debajo de la casa, le da ánimos al horno, para acabar el bizcocho. 

Rellena el calor con el amor que necesites

Me fui a caminar

Volví de caminar

Tanta belleza me ciega las manos

No puedo expresar lo que ví

¡Volví a oler!

El campo es la impureza en belleza

Picar piedras para quitar un cardo, dejar un hueco para plantar.

Bibliografía

  • Vuarnet, J.-N. (2018). El discurso impuro (M. Martínez Fernández, Trad.). Ediciones Incorpore.
  • Solà, I. (2023). Te di ojos y miraste las tinieblas (C. Cardeñoso Sáenz de Miera, Trad.). Anagrama.

Una respuesta a «La impureza contemplativa»

  1. Avatar de Irea
    Irea

    BUENÍSIMO

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