Traducimos Heimkehr, un microrrelato del autor
A menudo me cuestiono el valor literario de las bautizadas «antologías completas». Son maravillosas obras de consulta y desearía aunar todas ellas en mi estantería, pero, a falta de lectores concienzudos que lean de forma lineal estos armatostes (también los hay juiciosos, uno se puede permitir dudar de la capacidad de un autor de producir una obra extensa que se mantenga homogéneamente exquisita y busca las perlas canonizadas entre la infinita arena de textos), temo que cientos de cuentos y poemas maravillosos que en algún momento fueron reunidos no disfruten de su merecido momento de gloria. Me propongo, pues, sin pretender excavar en las grietas de los textos olvidados, traducir algunos extractos con el único fin de recomendar su lectura. Me es imposible limitarme a aquellos autores que se mantienen inéditos en nuestra lengua, ya que el canon literario que me vino dado me resulta demasiado evocador como para ser ignorado.
El temor del hijo pródigo
En habiendo aclarado esto, empezaré por un microrrelato de Franz Kafka para hacerle un tributo con motivo del reciente centenario de su fallecimiento. A pesar de ser generalmente reconocido por La metamorfosis (me ahorraré la manoseada retahíla sobre la polémica traducción del título), este autor es venerado por mi generación a razón de algunos de sus escritos menos pulidos —una constante fuente de discusión académica y literaria por la tendencia del autor a dejar novelas y relatos inacabados, en ocasiones como esbozos—. Son su correspondencia y sus diarios los que parecen haber encontrado un lugar especial en miles de jóvenes de todo el mundo. Un fenómeno que asocio a una alineación estética y espiritual con el autor que genera su lectura fácil y breve, idónea para el formato digital promovido por las redes sociales.
Kafka, torturado asimismo por la anodina realidad de su trabajo de oficina en Praga, cargó durante toda su vida con un miedo terrible hacia su padre. Si el lector de este artículo ha tenido la oportunidad de profundizar un poco en la insigne Carta al padre, reconocerá en Regreso a casa varios de los dilemas y quejas del escritor checo. Ambas son complementarias y permitirán a uno comprender con profundidad su postura de hijo pródigo.
Kafka y la escucha
Sin pretender aburrir a aquellos que no entiendan una palabra de alemán, haré una única mención a las sutilezas del texto original. Kafka parece tener cierta obsesión con el verbo horchen (escuchar o aguzar el oído). La repite en cinco ocasiones en un par de frases. No traduje Horcher por «escuchador» para el alivio de aquellos lectores verdaderamente comprometidos. Es una pieza angular de su léxico que usa para transmitir frialdad y aludir a su coyuntura familiar. Kafka simplemente escucha tras la puerta una vez abandona el hogar. Por ello, decidí traducir todas las palabras derivadas de horchen por «escuchar» en pos de reproducir la repetición y aquellas de hören por «sentir» u «oír». Les dejo con el texto; espero que tengan una experiencia equiparable a la que viví yo con él y que sientan una conexión semejante a la que yo mismo tengo.
Regreso a casa
He regresado, atravieso el recibidor y miro a mi alrededor. Es el antiguo patio de mi padre. El charco en el medio. Antiguos e inservibles aparatos embrollados bloquean el camino a la escalera. El gato acecha sobre el pasamanos. Un trapo desgarrado, que alguna vez durante un juego fue amarrado a una barra, se levanta con el viento. He llegado. ¿Quién me recibirá? ¿Quién aguarda tras la puerta de la cocina? Sale humo de la chimenea, están preparando el café de la cena. ¿Estás resguardado, te sientes en casa? No lo sé, no estoy nada seguro. La casa de mi padre es, pero cada trozo de ella está fríamente aislado el uno del otro, como si cada uno se ocupara de sus propios asuntos, algunos de ellos los he olvidado, otros nunca los conocí. ¿Para qué puedo servirles? ¿Qué soy para ellos aunque sea de mi padre, hijo del viejo agricultor? Y no me atrevo a llamar a la puerta de la cocina, solo a escuchar desde la distancia, solo escucho de pie desde la distancia para que no me sorprendan como a un fisgón. Y puesto que escucho desde la distancia, no llego a escuchar, únicamente siento un leve murmullo de reloj, que tal vez solo creo oír, traído de mis días de infancia. Lo que además sucede en la cocina es el secreto de los que allí se sientan, ocultándomelo. Cuanto más tiempo vaciles ante la puerta, más te convertirás en un extraño. ¿Qué pasaría si alguien abriera la puerta ahora y me hiciese una pregunta? ¿No sería entonces yo como aquel que quiere ocultar su secreto?
Heimkehr
Ich bin zurückgekehrt, ich habe den Flur durchschritten und blicke mich um. Es ist meines Vaters alter Hof. Die Pfütze in der Mitte. Altes, unbrauchbares Gerät, ineinander verfahren, verstellt den Weg zur Bodentreppe. Die Katze lauert auf dem Geländer. Ein zerrissenes Tuch, einmal im Spiel um eine Stange gewunden, hebt sich im Wind. Ich bin angekommen. Wer wird mich empfangen? Wer wartet hinter der Tür der Küche? Rauch kommt aus dem Schornstein, der Kaffee zum Abendessen wird gekocht. Ist dir heimlich, fühlst du dich zu Hause? Ich weiß es nicht, ich bin sehr unsicher. Meines Vaters Haus ist es, aber kalt steht Stück neben Stück, als wäre jedes mit seinen eigenen Angelegenheiten beschäftigt, die ich teils vergessen habe, teils niemals kannte. Was kann ich ihnen nützen, was bin ich ihnen und sei ich auch des Vaters, des alten Landwirts Sohn. Und ich wage nicht an die Küchentür zu klopfen, nur von der Ferne horche ich, nur von der Ferne horche ich stehend, nicht so, dass ich als Horcher überrascht werden könnte. Und weil ich von der Ferne horche, erhorche ich nichts, nur einen leichten Uhrenschlag höre ich oder glaube ihn vielleicht nur zu hören, herüber aus den Kindertagen. Was sonst in der Küche geschieht, ist das Geheimnis der dort Sitzenden, das sie vor mir wahren. Je länger man vor der Tür zögert, desto fremder wird man. Wie wäre es, wenn jetzt jemand die Tür öffnete und mich etwas fragte. Wäre ich dann nicht selbst wie einer, der sein Geheimnis wahren will.

Deja un comentario