Marta Ruiz
Ahora, leer un libro no es como antes. La lectura era un lugar solitario, íntimo. Comprabas un libro, lo leías y se acababa el evento. Era una actividad propia, para estar solo, para pasar un rato con uno mismo.
Los hábitos de lectura han cambiado. También la forma en la que nos relacionamos con los libros. La forma en la que se venden, se compran, se publican, se promocionan, se mueven. Todo ha cambiado.
También la forma de adquirir estos libros. Cogerlos en la biblioteca, que un amigo te preste, descargar un audiolibro, comprarlo por Amazon o en una librería de barrio. Hay tantas formas de poder tener un libro en tus manos.
Pero, sobre todo, lo que ha cambiado es la vida de estos libros. Un libro no existe solo para ser leído. Ahora, adquieres un ejemplar y puedes asistir a una presentación con el autor o autora del mismo; ir a un club de lectura para comentarlo con más personas; escuchar un Reel o un Tik Tok en el que te cuenten más curiosidades sobre la obra; puedes leer o comentar tu opinión en aplicaciones como Goodreads. Hay un mundo después de acabar la última página.
Parece que todos estos cambios no son para mal. Dar más uso a un libro y que siga en la conversación pública puede ser algo fascinante. Pero depende de la forma en la que se use, hay actitudes que pueden no ser del todo sanas.
Ahora es muy fácil obsesionarte, compararte con los demás. Ver a gente por redes que se han leído el doble de libros que tú y sentirte insuficiente. Que lleguen a conclusiones a las que tu no has llegado y sentirte inferior. Ahora nos comparamos con todo y las redes sociales son un espejo muy difícil al que mirar, y en el mundo de la lectura también.
Además, no solo esto puede ser un aspecto negativo en el mundo literario actual. Hay tanta cantidad de publicaciones mensuales, tantas editoriales que sacan tantos libros cada semana, que podemos sentirnos abrumados. Es inviable el poder con todos. Las redes nos siguen ahogando más aún porque queremos leer todos los libros que nos recomiendan, ir a un ritmo que no es posible. Una vez más las redes haciendo boicot a nuestra forma de relacionarnos y ser.
Pero no nos vamos a quedar con este mal sabor de boca lector. Es una forma de concienciarnos de que no es factible seguir el ritmo que nos autoimponemos. Entrar en esta vorágine de lecturas infinitas y estar siempre conectado con todo, al día. Tenemos que disfrutar de cada lectura, de cada página, de cada palabra. Disfrutar de comentarlo con amigas, de conocer a escritores y escritoras en sus presentaciones, de prestar un libro a alguien, de compartir. Porque la lectura es un placer, una actividad para disfrutar. Y hay que ver lo que nos ofrece el momento en el que vivimos y compartir estas lecturas. Sí, en muchas ocasiones el acto de lectura no es íntimo ni solitario. Puede serlo, pero también puede ser común, compartido y grupal. Y de ambas maneras es maravilloso.

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