Yoel Solà publica ‘Cincuenta centavos por tu alma’, una biografía de la actriz que marcó un antes y un después en la industria del cine
Yoel Solà (IG: @yoelsola / X: @yoelsola_)
1933. Un vehículo se detiene frente a un edificio de ladrillos a las afueras de Los Ángeles. Una mujer desciende y abre la puerta trasera. Una niña de cabello castaño y rizado aguarda en el asiento trasero. Después de unos segundos de conversación la niña baja del coche posando sus pequeños zapatitos en la acera. Nadie lo sabe, pero solloza. Una pequeña maleta le basta para transportar todo lo que tiene. Una muda de ropa interior, un vestido para los domingos, una muñeca. La mujer la acompaña hasta la entrada. La niña acaba de aprender a leer. En la fachada pone orfanato.
No era rubia, no se llamaba Marilyn y tampoco se apellidaba Monroe. Su infancia fue lo menos parecido a la infancia de una superestrella. Sin lujos, sin mansiones, sin amor. Le faltó hasta lo más básico. Desde un techo bajo el que dormir hasta el amor de una madre. Demasiado se ha dicho sobre ella, alguna verdad, y también muchas mentiras propagadas por aquellos que la conocieron y quisieron vivir a su sombra. Era más fácil y más lucrativo tacharla de ninfómana que acercarse a ella y descubrir que había en el fondo de su corazón, que flotaba en la superficie de su alma. El morbo vendía demasiado. Pero no hay que caer en la trampa del maniqueísmo, esa que habla de los seres de luz y de los villanos tenebrosos. Como cualquier ser humano, Marilyn estaba llena de contradicciones y por esto también es leyenda. «No quiero ser rica», dijo, «solo quiero ser maravillosa».
El 1 de junio de 1926, Gladys Baker, una empleada del boyante sector cinematográfico de California, da a luz a una niña. Una madre joven y soltera ante los funcionarios del Hospital General de Los Ángeles. La pequeña se llamará Norma Jeane, pero ¿y el apellido? ¿Norma Jeane Mortenson o Norma Jeane Mortensen? ¿Cómo se escribe?. Gladys no sabía quién era el padre, o eso decía. Había dos candidatos: un inmigrante noruego (de ahí la confusión con el apellido) y el supervisor de Gladys en la cortadora de negativos. Sea como fuere, poco después la mujer decide cambiar el apellido de su hija por el suyo propio. Norma Jeane Baker tenía un largo camino por delante.

Sus primeros años son duros. La niña crece entre casas de acogida y orfanatos mientras su madre entra y sale de las clínicas. Las fiestas y el consumo de alcohol no eran los únicos problemas de Gladys Baker. Sus frecuentes depresiones y sus cada vez más recurrentes paranoias la convertían en un peligro no solo para ella, sino también para su hija. Sin una figura materna, y casi siempre bajo la tutela de extraños, la futura estrella se cría en los orfanatos de los suburbios de Los Ángeles y en casas de acogida donde por un par de dólares a la semana se ofrecen a hacerse cargo de ella. Esta es la vida de Norma Jeane hasta que aparece Grace McKee.
McKee, gran amiga de su madre, decide hacerse cargo de ella y se abre así la primera puerta hacia la luz de los focos. Grace ve potencial en la niña que se acerca a la adolescencia. Primero le enseña a vestirse, después a maquillarse. Norma Jeane puede ser lo que Grace nunca fue, una estrella de cine. Conviven juntas hasta que en 1942 Grace tiene que trasladarse. Esta vez no puede llevarse a la chica con ella. Norma Jeane, de 16 años, se queda devastada. Todavía es menor de edad. Su destino vuelve a ser el orfanato. Sin embargo, para suerte y a la vez desgracia de la joven, aparece un salvador, nada que ver con un príncipe azul ni con un caballero andante, más bien todo lo contrario. Se trata de un joven del vecindario llamado James Dougherty. Empiezan a salir y rápidamente los jóvenes se gustan, pero hay más necesidad que amor entre ellos. James ve en Norma Jeane a una jovencita vulnerable a la que poder moldear, y Norma Jeane ve en James a una figura protectora, a ese padre o hermano mayor que siempre le faltó. Arreglan rápidamente la boda y se casan. Norma Jeane ya no es una adolescente huérfana. Ahora es una esposa amorosa dispuesta a iniciar un apacible matrimonio con un marido severo. Nada extraño en los Estados Unidos de los años cuarenta. Ninguno de los dos imagina lo mucho que sus vidas van a cambiar.
1941. Japón bombardea la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en Hawaii. James Dougherty se enrola en la marina mercante y el joven matrimonio se traslada a la isla de Santa Catalina, frente a las costas de California. Pero la estancia en la isla dista mucho de ser idílica. El matrimonio hace aguas. Norma Jeane no es la ama de casa que James espera, y James no es el marido detallista y cariñoso que Norma Jeane necesita. El buque de James zarpa y Norma Jeane respira algo más tranquila, ajena todavía a lo que el destino le tiene reservado.
Todo el país se vuelca con la guerra y Norma Jeane Dougherty empieza a trabajar en una fábrica de armamento y material para el ejército en Burbank, California. Las jornadas son largas, pero más movida por la necesidad económica que por el afán patriótico, la joven se pone el peto de trabajo, ensambla piezas de avión y cose paracaídas. Un día aparece por la fábrica un fotógrafo. Se llama David Conover y busca a una chica para su reportaje en la revista Yank. Norma Jeane pasa por el objetivo de su cámara y queda deslumbrado. Le toma un par de fotos y el reportaje es un éxito. La chica ha nacido para posar ante las cámaras.

La futura estrella no tarda en mover ficha. Solicita el divorcio a su marido que sigue en alta mar, y compagina su trabajo como obrera con las sesiones de fotos y los eventos. No tarda en dejar la fábrica. Le gusta posar, le gusta modelar, le gusta ponerse vestidos que realcen su figura y le gusta gustar. Acude a agencias de modelos. Es ambiciosa y hace contactos. Conoce a periodistas y a representantes y se produce el bautismo. Ben Lyon, un agente de Hollywood, le propone un cambio de nombre. Así nace la doble M, Marilyn Monroe. Marilyn por una antigua pareja de Lyon, Monroe por ser el apellido de la abuela de Norma Jeane. La joven acepta. Le suena extraño, ni siquiera sabe cómo se escribe exactamente, pero acepta. Ya estaba lista para hacer historia.
Tras varios papeles menores le llega su primera gran oportunidad en Las chicas del coro (1948), y después Amor en conserva (1949) con los hermanos Marx, le sigue La jungla de asfalto (1949), y Los caballeros las prefieren rubias (1953). Marilyn es una máquina de facturar dólares, y los directivos de Hollywood lo saben. Sin embargo, la actriz siente que no está recibiendo ni el reconocimiento ni la remuneración que se merece. Falta de apoyos y llena de conflictos con los productores, conoce a Joe Di Maggio, un exbeisbolista que se queda prendado de ella tras ver unas fotografías. Tienen un par de citas y se casan por lo civil en el Ayuntamiento de San Francisco en 1954. Por segunda vez, Marilyn encomienda su bienestar emocional a un hombre. Di Maggio es un hombre muy apegado a su familia como buen italianoamericano. Marilyn conoce a su madre y siente que puede ser una más entre ellos. Pero sus sueños no tardan en truncarse. Joe no quiere que su mujer se exhiba en las pantallas de los cines, él prefiere a una mujer de casa, que se dedique a pasar tiempo con él y a criar hijos. La joven sufre los arreones violentos de su nuevo marido. La maltrata y Marilyn dice basta. Tal y como hizo en su primer matrimonio, solicita el divorcio y se separa de Joe Di Maggio apenas nueve meses después de darse el “sí, quiero”. Es desafortunada en el amor pero por el camino le llegan más éxitos como Río sin retorno (1954) o La tentación vive arriba (1955). Por el camino le da tiempo hasta a mudarse a Nueva York, a fundar su propia productora, la Marilyn Monroe Productions, y producir y rodar una película: El príncipe y la corista (1957). Pero en esta última aventura no está sola. La acompaña en el proyecto el fotógrafo Milton Greene -uno de los pocos hombres que la respetaron- y el dramaturgo Arthur Miller.

Marilyn Monroe y Arthur Miller se casan en junio de 1956 en Nueva York en una ceremonia íntima que no pasa desapercibida para la prensa. La relación de ambos venía de tiempo atrás. Se habían conocido años antes a través del cineasta Elia Kazan. La opinión pública convulsiona cuando se entera de la unión entre los dos artistas. Por un lado, Marilyn, la gran estrella, la mujer más deseada de América; por otra parte, Miller, el intelectual, el bardo sensible cuyas obras llenaban teatros. El cuerpo y el cerebro, así resumieron muchos la relación. No andaban desencaminados. No porque Marilyn no fuera inteligente, sino porque Miller tuvo que hacer de psicólogo tanto como de marido. Y es que los episodios depresivos eran cada vez más frecuentes en Marilyn. Miller la asistía, la consolaba y la acompañaba a los rodajes, sin embargo, nada parecía llenar el pozo emocional en el que estaba sumida la actriz. Agotados psicológicamente los dos, la pareja se divorcia en enero de 1961. El matrimonio dura casi cinco años. Todo un récord para Marilyn.
Ya nada podía salvarla. 1961. Descenso a los infiernos. Dulce descenso porque las fiestas hasta altas horas de la noche, el alcohol, y el abuso de los estimulantes y de los somníferos se convirtieron en el día a día de la actriz. Para colmo de males también aparecieron las malas compañías. La madre de todas las conspiraciones nace en la mansión de Malibú de Peter Lawford, un actor sin mucho éxito pero con una gran ventaja: ser cuñado de John y Robert Kennedy. ¿Fue Marilyn amante del presidente y de su hermano? Todo apunta a que sí. Quizás no la amante favorita, ni la que más frecuentaban, pero sin duda la más famosa. Y la cuestión clave: ¿estuvieron implicados los hermanos Kennedy en la muerte de la actriz? Lo que ocurrió la madrugada del 4 al 5 de agosto de 1962 en la casa (que no mansión) angelina de la actriz sigue siendo uno de los mayores misterios del siglo XX. La dicotomía lleva servida décadas: ¿se suicidó o fue asesinada? El enigma sigue vigente quizás porque la cuestión nunca ha estado bien planteada…

Cincuenta centavos por tu alma, una biografía moderna y actual sobre Marilyn Monroe
Tan famosa como desconocida, Marilyn Monroe genera tanta fascinación como secretos guarda su figura. Cincuenta centavos por tu alma es una obra que mezcla biografía y novela, abordando la vida de la famosa actriz desde una perspectiva moderna y actual, huyendo del sensacionalismo y explorando sus muchas luces, pero también las muchas sombras que rodearon su compleja personalidad y su agitada vida.
Descubre la parte más personal de la artista, sus miedos, sus amores, sus éxitos y el controvertido episodio de su muerte donde todavía queda mucho por contar…

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