Jaime Moreno, redactor del NO-DO: «No había otra realidad, era la que estabas viendo»

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Sobre la realidad que vemos y cómo la contamos, en conversación con Jaime Moreno Monjas (Madrid, 1936), redactor y técnico del NO-DO desde 1955 hasta 1975. 

Entrevista realizada junto a Borja Morteo Appierto

Puede que hoy parezca más imposible que nunca conocer la realidad. Estamos en un mundo, con mil narrativas, voces y tiempos que convergen en un solo momento. Nos comunicamos a través de pantallas táctiles y conocemos la historia y los hechos de la mano de la Inteligencia Artificial, que nos ahorra la ardua tarea de búsqueda para resumirnos, brevemente, todo lo que necesitamos saber (sea verdad o no). Sin embargo, los ciudadanos nunca hemos sido personas autónomas, conscientes o con agencia en lo que se refiere al acceso a la información. 

Hemos escuchado siempre que la información es poder, y eso explica que haya sido la herramienta que se ha utilizado durante siglos para manipular a la población desde arriba,  insertando narrativas en la conciencia colectiva. Lo vimos en 2004, cuando determinados medios se sirvieron de la confusión y el dolor tras los atentados del 11M para favorecer unas elecciones políticas, pero ahora lo estamos viendo a gran escala, de manera multidisciplinar, con discursos efímeros que recorren vídeos, conversaciones, podcasts y noticias que dejan marca en nuestros cerebros de forma casi permanente. 

En el caso de España, tenemos un ejemplo reciente y muy claro de ese papel de la información para favorecer a determinadas facciones. En 1943, durante el régimen franquista, se creó el NO-DO (Noticiarios y Documentales), un servicio de difusión de noticias y reportajes que se exhibían de forma obligatoria ante la población. Una forma de propaganda que tuvo una importante repercusión y permanencia en las mentes de esa ciudadanía que durante más de treinta años conoció una única versión de la realidad. Todo esto lo vivió, como muchos otros españoles, Jaime Moreno Monjas (Madrid, 1936), que además tuvo un papel activo en este medio del régimen, donde trabajó como redactor y técnico desde 1955 hasta la desaparición del NO-DO en 1975. 

The elderly design their own future | Jaime Moreno-Monjas en TEDxMadrid, 2014
«No había otra realidad, era la que estabas viendo»

Tras la fusión con TVE, Moreno dirigió varios programas como “Vivir cada día”, “En el ojo del huracán” y el último, “Un país en la mochila” con José Antonio Labordeta. Su paso por el servicio militar, el NO-DO, y su dedicación y pasión por la información como servicio han seguido a una larga vida marcada por hitos históricos hasta fundar en sus 80 la Cooperativa Trabensol, un espacio de alojamiento y convivencia para mayores. A través de su trabajo como periodista en el noticiero cinematográfico del régimen franquista (1943-1975), Moreno forjó una visión y una perspectiva sobre la realidad que le tocó vivir: «No había otra realidad, era la que estabas viendo»

El día que nos conocimos, Jaime Moreno apareció vestido con un chaleco y una boina debajo de su chaqueta. Su barba, blanca y espesa, parecía encajar a la perfección con aquel hito periodístico de 89 años, y, al mismo tiempo, desentonar con el sitio en el que habíamos quedado, un parque infantil de un centro comercial en el barrio de Estrella. Moreno caminaba y hablaba con prisa, a pesar de que, según él, tenía todo el tiempo del mundo. En sus respuestas se notaba un automatismo de quien lleva más de cincuenta años narrando su vida y, sin embargo, derrochaba la sabiduría y el cariño de quien se sigue formando hasta el último momento. 

El periodista nació en la calle Covarrubias, en Madrid, en un pequeño chalet que fue un hospitalito durante la República, al contrario que sus hermanos pequeños, que nacieron en casa. Estudió y vivió en el barrio de Salamanca desde que terminó la guerra. Como su padre era policía secreta y había estado en el Bando Nacional, le tocó vivir en el centro de Madrid, donde ha vivido toda su vida. 

Hasta que empezó a trabajar en el NO-DO, la visión del mundo que tenía era tan limitada y austera como la del resto de personas con las que convivía. La relación con sus hermanos y su familia era como otra cualquiera, y no fue hasta que empezó a participar de forma activa en la información que Moreno comenzó a ser consciente de las distintas capas que conformaban la sociedad en la que vivía: «Lógicamente, la vida te va abriendo los ojos, despertándote a la realidad que vivías como trabajador y como persona que se basa en un medio informativo que era NO-DO» 

La labor del periodismo tuvo un papel fundamental en el desarrollo de una ideología y unos criterios para Moreno, unos pensamientos que chocaron con quienes compartía un campo de afectos, y, en un contexto en el que las personalidades se desarrollaban dentro de un régimen dictatorial:«Cuando despiertas o cuando empiezas a ver otra realidad, es, por una parte, cuando empiezas a trabajar. Y entonces, las situaciones laborales te van abriendo los ojos en tu propia realidad salarial, en las jornadas, en los seguros de vida que no tenías cuando hacías trabajos de riesgo. Todas estas cosas te van afectando y dices: “esto no es lo que yo creía”. Y poco a poco, ibas descubriendo una realidad diferente».

A pesar de que su primera vocación fuese la medicina y que se matriculase en la universidad para ello, Moreno entró a trabajar en NO-DO con 18 años en 1955: «Yo no era periodista en ese momento, yo entré porque había en ese momento plaza en NO-DO. Había plazas de ayudantes de cámara y de ayudantes de sonido, y yo entré en sonido, que era lo que me gustaba». 

NO-DO funcionaba como una gran escuela donde los trabajadores no ejercían un papel en concreto, sino que hacían de todo; pasar películas en la sala de proyección, manejar los proyectores con carbones, coger una cámara en rodajes, hacer de segundo operador. Sin embargo, a pesar de estar trabajando en una maquinaria del Estado, el propio trabajo en el noticiario le sirvió a Moreno para construir una ideología al margen del mismo. A través de la intervención en la información, las realidades se presentaban de otra forma: «Todo eso lo ibas descubriendo no porque te lo contara otro, es que lo veías tú, tú lo vivías». Gracias a su trabajo como periodista, Moreno pudo conocer, conversar e intercambiar realidades con otros: «Si hubiera seguido viviendo en mi casa con mis padres de una manera normal, hubiera seguido viviendo de la misma manera, que no era real». 

«Nosotros, los españoles, hemos sido emigrantes»

Sin embargo, a pesar de que se trataba de un ejercicio de servicio dado a la información, el NO-DO era un claro instrumento del régimen franquista: «Todo estaba muy sesgado, pero vivías en una realidad. No había otra realidad, era tu realidad, tú estabas viviendo». A través de ese periodismo, Moreno viajó e hizo programas en Argentina, Paraguay, México, Bélgica, Centroamérica, donde se encontraba con otros españoles: «Nosotros, los españoles, hemos sido emigrantes». A través del encuentro y el traslado a otros lugares, las realidades se ampliaban: «Te relacionabas ahí con gente, y esa gente llegaba y descubría una realidad que no podían ni sospechar, es decir, el poder hablar libremente». A su vez, Moreno realizó reportajes dentro de NO-DO que atendían a cuestiones humanas, a realidades intangibles que producían terror, como el programa sobre “las caras de Belmez”: «No es lo que has visto ya en televisión, sino que vas a contar los miedos que tiene la persona».

Lo que Jaime Moreno vivió fue un renacimiento del mundo, una realidad que se explayaba y duplicaba, mostrando las miles de capas de las que estaba hecha. Más tarde, con los años 60, el resto de españoles también podrían vivir ese mundo que se interconectaba. Con Fidel Castro en La Habana, Luther King en Estados Unidos, Che Guevara en Madrid, los Beatles en la Plaza de Toros de Barcelona. La revolución de la música, los hippies, la minifalda, un nuevo sentido de la libertad: «Todo lo que se organiza de la soledad en la gran ciudad. Todo esto bulle, todo esto motiva, y todo esto hace que surjan muchas cosas que hasta este momento estaban dormidas, porque la gente no las había descubierto, o por lo menos, no tenía líderes que en ese momento se las pusieran delante de los ojos». Todo aquello que no te contaban, no existía. 

En medio de esa rememoración de los jóvenes años 60, Moreno recuerda una canción en catalán, “Al vent” de Raimon: «Era una canción de poca monta, no era como la de Labordeta», pero que atendía a una nueva pluralidad de realidades: canciones en catalán o programas como La vida en los teleclubs, realizado en diferentes lenguas como el gallego o el asturiano. Ahora, en 2026, esta multitud y convivencia de realidades parece complicar más que nunca el saber dónde nos encontramos, dónde miramos: «No creo que sea un problema el hecho de que haya gente que no tiene acceso a una noción de cómo tratar la información. Yo creo que el periodismo es necesario completamente, pero tiene que estar complementado con capacidad de conocimiento, de análisis, de otras cosas».

«Hay que coger y frenar los criterios que uno tiene para objetivamente intentar ver la realidad, analizar y dar datos para que la gente pueda entender»

En este contexto, como en cualquier otro, el periodismo se convierte de nuevo en una forma de resistencia: «Es necesario ser honrado en la profesión, no honesto, honrado. Hay que coger y frenar los criterios que uno tiene para objetivamente intentar ver la realidad, analizar y dar datos para que la gente pueda entender». El público también tiene que ser consciente de que siempre hay unos intereses puestos en la información: «En política siempre hay unos intereses detrás de cómo se presenta la información. Hay medios que están comprados por bancos que están financiados por X»
Así, el periodista asegura: «Porque es importante que la gente tenga criterios, y los criterios, muchas veces, los tienes que explicar. En la realidad tenemos toda la información, lo que pasa es que muchas veces está tan a la vista y tan desconectada, que es como un puzzle». Ahora, esta realidad sigue a la vista, difuminada, compartida, reproducida de diferentes formas y más conectada que nunca (en apariencia). La realidad sigue ahí, solo tenemos que mirar.


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