Mil cosas: la última novela de Juan Tallón. ¿Una novela más sobre Madrid?

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Son muchos los retratos que se han hecho, y se siguen haciendo, de Madrid. Existen canciones, novelas, cuadros, poemas, estudios académicos y películas sobre este lugar, según Sabina, invivible pero insustituible. Almudena Grandes y Gloria Fuertes, son solo dos de las escritoras que le dedicaron obras y versos, pero la lista es extensísima. Y es que, escribir sobre Madrid parece ser un rito de obligado cumplimiento para cualquier escritor que la habite. ¿Es Mil cosas un libro sobre Madrid? 

Mil cosas, (Anagrama, 2025) de  Juan Tallón (Vilardevós, 1975), explica por qué todo el mundo parece querer irse de la capital. A través de la pareja formada por Travis y Anne, un matrimonio acomodado que acaba de tener un hijo, Tallón muestra la rapidez y la presión a la que ambos se encuentran sometidos. Todo esto, bajo un sofocante calor, solo soportable gracias al aire acondicionado de taxis y despachos. Con la promesa de unas vacaciones, Travis y Anne van sorteando los últimos días de trabajo hasta poder irse de la ciudad. No obstante, ese día, el día de descanso prometido, siempre parece estar demasiado lejos. 

Foto de Luis Ribeiro on Pexels.com

Juan Tallón emplea, en las 152 páginas de su novela, un estilo irónico a través del discurrir interno de sus personajes, con oraciones simples y descripciones sencillas. Mil cosas no es una obra intimista, aunque trate temas propios del ámbito privado. No encontramos un desarrollo psicológico de los personajes, más bien, el escritor los usa como excusa para explicar la problemática social que denuncia: autoexplotación, estafas, acoso laboral, paternidad…). El problema, derivado de la falta de desarrollo de los protagonistas, es la sensación de superficialidad generalizada. Se nos hace difícil empatizar con Travis o Anne, porque, aunque podamos haber vivido situaciones parecidas, no llegamos a conocerlos del todo; Puede que el deseo del escritor haya sido precisamente mostrar la incapacidad que tenemos de desear y de profundizar en nosotros mismos. No obstante, no creemos que el resultado sea compacto, ya que al escribir desde esta óptica, la historia se queda en el esqueleto, a expensas de la carne.

En cuanto al conflicto, podríamos afirmar que no existe ninguno, existiendo miles. Y, aunque este planteamiento sea interesante, la falta de un conflicto principal convierte la narración en una sucesión de inconvenientes cotidianos sin demasiada trascendencia que complican la lectura.

La voz de Tallón, disfrazada de Anne o de Travis, es siempre reconocible. En este sentido, el narrador no desaparece para que sus personajes hablen. Esto no es algo necesariamente malo, pero sí que puede llegar a resultar plano por la falta de un contraste mayor entre las voces. Claro que, atendiendo a la finalidad del narrador: crear la sensación de agobio generalizado, la voz es certera.

En un primer momento, presentamos al matrimonio protagonista como acomodado, matizamos ahora que nos referíamos a una cuestión puramente económica, ya que, en el plano existencial, ambos viven al borde del colapso. Mil cosas, muestra la forma en la que se manifiesta la angustia en las grandes ciudades y cómo tener un buen trabajo no garantiza la tranquilidad, sino, más bien, un mayor estrés derivado de la responsabilidad. La fuerza de esta novela reside, a nuestro modo de ver, en la capacidad de mostrar la nimiedad como algo relevante, tan relevante como para condicionar la propia vida.

Mil cosas consigue hacer algo particular: no ser una novela sobre Madrid.

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