Cuando el final del amor se convierte en el final de la vida 

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Escribir sobre este libro no ha sido una decisión sencilla. Poner palabras a las palabras de los demás, a veces, se siente una experiencia cercana a la profanación. Todo testimonio es un santuario que guarda una reliquia, un legado difícil, pasado de un presente cuyo futuro no se sostuvo. El futuro –tal y como lo vemos desde el presente– nunca se sostiene. 

Como un documento diarístico, Pol Guasch (Tarragona, 1997) calcula la distancia entre el texto y la carne, por medio de la memoria. Casi a la manera de Ernaux, mediante la sociología del testimonio, orbita alrededor del padre, analizando el enigma del dolor. Aquello imposible de ser nombrado remueve los cuerpos, transmuta en rizoma, multiplicando las heridas en otras heridas, y poniendo en común la influencia de uno en la vida del otro. “Tu suicidio decía cosas de mí que no había tenido tiempo de entender”. 

La indecibilidad atraviesa la forma en la que el mundo oprime con su enfermedad. “Escribir es una forma de llorarte, no de entenderte”. El mundo es un fracaso de comprensión. Comprender no es un camino factual. No existe el camino hacia un saber qué ocurre. Lo que ocurre es aquello que no puede ser dicho. La ausencia, ya no del lenguaje, sino del código del lenguaje. ¿Cómo decir si no existe la manera? ¿Cómo expresar lo que sucede en los suburbios de la sintaxis? ¿Cómo entender la opacidad radical desde el abismo de la familia? ¿Cómo entender la opacidad radical desde la luz intacta? Adolescentes que un día se despiertan con el plomo del mundo sobre las sienes. “Si la vida es ese lugar donde es imposible vivir, el amor ha de ser ese lugar donde es imposible amar”.

He diseccionado la vida en tres supuestos: 

  1. Lo comprensible: la incógnita del misterio es susceptible a la búsqueda. Tras la búsqueda subyace un conocimiento.
  2. Lo comprensible que no encuentra forma de hacerse entender. Por una parte, estoy seguro de que existe una certeza, aunque oculta, latente. En consecuencia, hay búsqueda, dificultad, alpinismo y, sin embargo, la incomprensión de las personas termina donde empiezan las enfermedades del mundo (“el mundo es lo que está enfermo”). 
  3. Lo incomprensible en sí mismo: una desgracia que deja a una persona sola en el mundo. Esto es incomprensible en la manera en la que Guasch escribe la paradoja: “La vida es ese lugar donde es imposible vivir”. Este último supuesto incide sobre los otros con una entereza epistemológica capaz de arrasar y agredir, extirpar el sentido o las virutas de significado. 

Me permito pensar que lo que hoy nos convoca se acerca más al segundo supuesto. 

“Cuando una persona se suicida la vida se convierte en una lengua que no entiendes”.  

“Esa nueva lengua que hablas podría llamarse parálisis. O impotencia. Tal vez vergüenza”. 

“El silencio y la vergüenza fundan vuestro léxico familiar”. 

La familia fracasa como las palabras. Lo extraño nunca es lo otro, sino lo nuestro, la cotidianeidad absoluta, la intimidad. Detrás de uno siempre hay otro al que solo se accede mediante la convivencia. Todas las familias terminan ensayando lo que se les dice que son y, a veces, por el camino, surgen las posturas y los gestos que les son espontáneos. Aunque nada es espontáneo del todo, el hierro del mundo proyecta sus influencias. 

“Ser una familia es algo extraño, artificial”. 

Ante la indecibilidad, lo único posible es la recuperación de un cuerpo, diagnosticar el estado en que el cuerpo no habla porque no puede o no sabe. El motivo puede permanecer incierto, pero incluso sin razón explícita o sin posibilidad de formular un diagnóstico, persiste la certeza. Sobre la certeza de la incomprensión el pensamiento puede desmoronarse –el desplome implica situarnos en el lugar epistemológico del subsuelo–  autosociobiografiando el síntoma. 

En este sentido, la escritura de Pol Guasch disecciona el cuerpo del padre, que es también el cuerpo que ocupa el amor. “Diez años para reconocer que tú fuiste el primer estrato de todos. Diez años para asumir que tendremos que esforzarnos terriblemente para olvidar lo que hemos amado de alguien”. 

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