Una conversación sobre el amor, la libertad y el duende con Romero Dog sobre su nuevo álbum Sabueso Vernáculo

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Federico García Lorca dijo que al ver o escuchar algo uno sabe diferenciar si ese algo tiene duende o no. Fue lo que me ocurrió con Romero Dog al escuchar Sabueso Vernáculo y, concretamente, su canción Ayer, la luna:

Ayer le dije a la luna de ti

le dije que habíamos robado su brillo

para vernos mejor uno a otro

y me dijo que no había perdón

Me dijo que sangre con sangre se paga 

que no había manera para tanto amor

ayer le dije a la luna de ti

y anoche la luz se murió

Ayer probé la miel del dolor,

en tus labios de mármol

azúcar brotó

la miel de una rosa de gota y temblor

ayer un amor se rompió…

Romero Dog (Misael Jon Niceto Ordóñez, 2001, Vinaròs, Castellón) no hace una música botox, algo que pretenda ser perfecto, sin ningún tipo de error o pérdida de tono.  La voz de Misael Niceto es falible, por eso tiene duende. Es agradable encontrar a un cantautor que no suene como todo lo demás porque, aunque se noten las referencias en su música, escuchamos un resultado final único. 

«Pregunto más de lo que puedo asimilar», este verso refleja la cosmovisión del artista castellonense,  un querer saber e ir más allá —aunque esto duela— en un momento histórico en el que todo insta a la recompensa rápida: consumir sin límites, escuchar sin límites, amar sin límites. Sabueso Vernáculo cuenta una historia actual y triste a partes iguales: la dificultad de cristalizar en relaciones la emoción desbordante del amor, y la imposibilidad de amar completamente a alguien al no poder soportar el compromiso. Byung-Chul Han decía en su conocido ensayo La sociedad del cansancio, que el ciudadano actual no soporta la negatividad, siempre quiere poder poder más, hasta que no puede y se quema. En Sabueso Vernáculo encontramos la voz de un enamorado que se niega a aceptar un mundo así.

 La música con duende requiere atención, requiere dedicar un momento del día a lo bonito y a lo feo, a lo doloroso y lo placentero. Podéis disfrutar del álbum completo en Spotify.

Pregunta: En una de tus canciones, Levántate, escuchamos un extracto de una conversación entre Jesús Quintero y Antonio Gala sobre el amor en una de sus trece noches. Dices: olvida la anestesia, acepta el sufrimiento ¿Es eso es la libertad para ti?

Respuesta: De alguna manera sí. La escribí tras irme a casa con frustración porque todo el mundo quiere cambiar algo pero nadie hace nada de facto. No es suficiente con quejarse, podríamos hacer muchas más cosas si saliéramos de ese trance en que nos tiene el sobrepensamiento y la hiperestimulación. La libertad es un tema truculento. En la toma de acción colectiva hay libertad pero, creo, también, que la libertad es algo muy solitario. Sigo pensando que implica, de algún modo, el desapego y la falta de deseo. Últimamente me he distanciado de esa línea. Hay un sentido poderoso en para quién y para qué sacrificas tu libertad. 

P:Tú tocas la viola, el piano, la guitarra… ¿Has estudiado en el conservatorio?

Son mis tres instrumentos, si,  pero hace algunos años toqué también la batería. Empecé con viola en el conservatorio de Castellón. Me quedé en el último año de profesional, pero seguí tocando en orquestas de música clásica.

P: De la técnica y el trabajo que hay detrás de la “inspiración” poco se habla, ¿qué puedes decirme de ello?

La técnica es como un idioma cuando se trata de las artes, cuanto más la dominas o más vocabulario conoces, con mayor sofisticación te puedes expresar. No es necesaria para que salgan buenos mensajes. El lenguaje desligado de la academia y de lo institucional puede tener la misma belleza. Sin embargo, la técnica permite esa sofisticación que te comentaba– de la que también a veces huyo–. Cada mensaje requiere su propia técnica. Mis canciones a nivel armónico no son complejas, suelen tender a ser bastante folclóricas y trovadorescas, porque creo que en este trabajo, es lo que mejor casa con el mensaje que quiero transmitir.

P: Antes hablábamos de utilizar a Gala en una de tus canciones. El compositor Ángel de la Hera lo hizo también en una de sus recientes obras Dumb Scrolling  la música de conservatorio y la de la calle ¿hasta qué punto crees que se relacionan?

Yo creo que el conservatorio es fundamentalmente una burbuja institucional que preserva el arte del poder. Es como una forma de expresión del poder; Pero, por otro lado, los músicos más interesantes que conozco de Castellón han salido del conservatorio. No aguantas en esa institución si no amas la música. La gente que consigue utilizar lo que han aprendido para hacer su propia cosa suele hacer cosas muy interesantes, pero hay una gran mayoría que se frustra hasta tal punto de no volver a hacer música.

P: Eres cantautor, pero me cuesta no decirte poeta ¿Te sientes identificado con ese apelativo?

Me descuadran los apelativos de músico o poeta.  Siempre he tenido una vinculación muy fuerte con la melodía, pero me siento mejor con “artista”;  tengo un vínculo muy fuerte con la creación como tal. Escribo, dibujo. La canción es un todo, lo veo como un todo.

P: ¿En el amor, como en la música, es todo una cuestión de ritmo?

Es todo circular. Lo que nos ha llevado a tocar música es el reflejo de nuestro propio corazón bombeando sangre. Usamos la música para buscarnos, como los pájaros pían para encontrarse. Para mí sí:  el amor es ritmo y el ritmo es amor.

P:¿Crees que existe autocensura hoy en día a la hora de hablar de amor?

El amor existirá siempre, nada puede parar el flujo de algo que literalmente hace que todo siga expandiéndose y que todo exista. Para mí el amor es una fuerza generativa que nos hace encontrarnos y crear. Pero hay una especie de virus de aspiración al todo, una cuestión de hybris. Como parece que tenemos disponibilidad de todo, siempre vamos a poder encontrar a la persona perfecta, pero esta idea surge del idealismo. Esa pulsión por alcanzarlo todo choca con la idea del compromiso. Una persona es sustituible, pero uno se compromete a no dejarse inundar por sus propios fracasos o por los de los otros para no intercambiar una por otra.

Hay una pérdida de compromiso, pero el amor sigue existiendo y seguirá existiendo, lo que pasa es que  no tenemos herramientas culturales y sociales para solidificar o cristalizar ese amor en relaciones. 

Yo, personalmente, en alguna de las cosas que me suelo autocensurar es con temas de familia, pero al utilizar un lenguaje poético no he tenido problema, siempre he encontrado la forma de decir sin decir, pero en lo que concierne al amor no me pongo límites. Ya que literalmente me he mudado de país porque estoy totalmente desbordado, es enorme, es desbordante: eso es incensurable.

P:La identidad es algo maleable y desbordante que se ve transformada por el amor ¿Nos da miedo esa mezcla?

R: Justo, y es inevitable. No puedes compartimentalizar el amor. Cuando llega te desborda y te transforma, quieras o no.

P: ¿Reconoces en tu música influencias concretas?

R: Trato de pensar lo menos posible en ello, pero Silvio Rodríguez siempre está ahí. Templeton también me ha influido mucho, un grupo de indie español. Creciendo solo escuchaba música clásica en casa. Eso me ha condicionado, pero descubrir la música “tarde” me ha dado la ilusión de que puedo hacer cualquier cosa. Siempre he tenido esa percepción de que podía hacer lo que yo quisiera. Me cuesta pensar que hago un solo género o que me han influido una cantidad concreta de artistas. Todo influye, de eso tratan tanto la música como el amor ¿no?

Romero Dog ha venido para quedarse y regalarnos, con su música, un trozo de sí mismo.


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