El tiempo y sus regalos

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Una persona que hace mucho tiempo que no veo me regaló el libro EL TIEMPO REGALADO de Andrea Kohler.

Me escribió un pequeño texto que decía: «Dani, un libro para leer lento y hacer una pausa. La práctica artística, la vida, no sirven, si no les damos tiempos, pausas y esperas. Rehagamos del arte y la investigación, tiempos de ritmos descompasados».

Me siento afortunado de recordar esa dedicatoria. Ahora mismo, todo el tiempo es un regalo, sin embargo, parece que no paramos de regalar nuestro tiempo al mejor postor. Siempre he pensado en lo bello del tiempo, de sus significados. El tiempo del cielo y el tiempo de la muñeca. Saber del tiempo es una adivinanza que te hace subir y bajar la cabeza.

Hace tiempo que tomé notas sobre este libro, Andrea Kohler dice al principio “Esperar es una lata. Y, sin embargo, es lo único que nos hace experimentar el roer del tiempo.” Ñam, ñam, ñam. Me como el queso a bocaitos pequeños por dos cosas, 1) porque cuando me llevaba al cole trocitos de queso, si los comía poquito a poco me duraban más, y 2) porque me obligo a mi mismo a notar el paso del tiempo, tardar en hacer las cosas es un lujo que quiero vivir.

Cuidar la espera es un regalo, es una maduración.

“a mucha gente no le gusta la idea de que el tiempo tenga un principio, probablemente porque suena a intervención divina.”

¿Estamos listos como generación para darle tiempo a la vida? El ritmo es algo a debatir, yo prefiero dejar ser, eso lo aprendí de mirar el mar y los ríos, por mucho que tu quieras, el tiempo no juega con tus mismas normas. Reflexioné sobre los tiempos tras leer Historia del Tiempo de Stephen Hawking. Si por un lado tenemos el tiempo en la Tierra, el milagro de aparecer en este mundo entendido como regalo materno, tenemos otro tiempo puro, absoluto e individual, más allá del movimiento de las nubes y de las agujas del reloj. Cada persona tiene su tiempo y lo transita de una manera. La forma de saber si una sandia está buena es partiéndola. Partir el tiempo para saborearlo.

Esperar y esperar. La vida es un esperar. A que se haga el puchero, a que se temple y se sirva. Esa espera es el tiempo medio, el punto medio entre hacer y no hacer. Ir de mi casa al taller y sentarse en un banco a la mitad a mirar el cielo. Tantos espacios como esperas y tantas personas como espacios de espera. Yo antes no me esperaba. Corría por los acuarios y museos. Corría por los pasillos de los yogures (siempre frescos) y corría por la playa. No me acuerdo de tanto, y empecé a esperar.

También está la idea de dejar de esperar y simplemente ver llegar. No espero el futuro sino que lo experimento. La pausa entre una acción concatenada con la siguiente hace que la cadena siga girando. Cuanto menos se, cuanto menos me acerco a donde quiero ir, cuanto menos acierto en la diana, más seguro estoy de los caminos a tomar.

“a la espera solo se le engaña de forma individual”

Y el que espera es el que ama, es el que va apostando su tiempo. El amor como medida de tiempo. Cuando desaparece es como si no existiera el viento. Es importante diferenciar los tipos de esperas: Cuando se espera por algo y cuando se espera por esperar, este mundo capitalizado por el entretenimiento está jugando muchas cartas a la segunda. Perder el tiempo es mi mayor miedo. Perderlo si así lo considero pero no perderlo viendo Reels. Perder mi tiempo viendo los árboles y el mar, pero no perderlo esperando una contestación a un mensaje directo. Perder mi tiempo escuchando un disco con cautela, pero no esperando un acto ajeno.

Tengo un papel dibujado pegado a la pared que pone: SAL Y DISFRUTA. Luego una fotografía de una escultura de un león con una señal en inglés: Drive slow. La vida son las dos cosas, la vida es la pausa de los extremos a mitad de camino. Entiendo que es un lujo por el que luchar. Yo quiero luchar por perder mi tiempo, por alterar mi ritmo y frecuencia con el mundo y cambiar la hora del reloj. Mis amigas son más conscientes que yo del tiempo perdido, de las horas trabajadas, de las siestas no echadas, de los metros y bicis, de las canciones a medio escuchar, de las duchas rápidas. Parece que cuanto más tiempo pasa más rápido pasa. Aún tengo la suerte que no haber entrado en el vórtice de la inmediatez y me quedo dormido a veces. Esta concepción del tiempo viene de una cualidad curiosa, la soledad.

Cuándo uno pasa más tiempo consciente consigo mismo que con otras personas entra en lucha. Esa es otra lucha, el no caer en el olvido del colectivo por agarrar el mundo interior. Ya no hay homies solo yo y recuerdos, dicta uno de los memes que tengo colgados en mi pared, dice más de la época en la que vivimos que de mi mismo (aunque no disimula mi pared). Y aún así, aún viviendo en el pensamiento mágico, aún admirando las chimeneas, aún escuchando los vecinos hablar, el tiempo sigue. Es un avance continuo, no hay apagón que pare la cinta. Me encanta esperar durmiendo, los viajes dormidos. En coche los saboreo y babeo, en tren los más placenteros. Espero al cartero sin saber si llegará la carta de mi amigo, su respuesta me genera curiosidad.

Titubear es esperar.

Aceptar la duda.

Po hoy toca esperar el tiempo.

Bibliografía

  • Hawking, S. (1988). Historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros. Barcelona: Crítica.
  • Köhler, A. (2018). El tiempo regalado: Un elogio de la espera. Barcelona: Libros del Asteroide.

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