Tierra de olivos

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No hace falta una gran imaginación para escribir terror. Quizá, por sí sola, esta frase resulte un poco chocante. Es cierto que resulta complicado pensar que Lovecraft o Allan Poe no hicieron uso de una interminable imaginación y capacidad de creación para concebir las obras maestras que ahora les dan renombre. Da la sensación de que nadie permanentemente atrapado entre los límites de lo real sería capaz de idear algo lo suficientemente monstruoso como para atemorizar a lectores o espectadores durante décadas o siglos. Y, sin embargo, desde hace un tiempo me he ido convenciendo de la idea de que nada aterrador puede crearse si no vive ya entre nosotros. Se es capaz de imaginar, por supuesto, uno puede inventar bestias y mundos paralelos y advertir de espectros acechantes, la imaginación puede estirarse hasta límites desconocidos. Pero solo puede partir de lo que ya conoce.

Los peligros que acechan en la oscuridad, los aliens que parasitan el cuerpo y las hecatombes que destruyen todo lo querido no son novedades, sino viejos conocidos. Son reflejos de lo que ya ocurre, de lo que ha ocurrido u ocurrirá, a veces tan lejanos que parecen falsos, otras veces tan cercanos que provocan un escalofrío. 

El terror no es lo que otros serían capaces de hacernos, sino lo que nos hacemos entre nosotros. El terror es como el reverso de un bordado, lo que ocurre en los márgenes y pies de página, es un desaparecido olvidado, una injusticia ignorada, un pueblo masacrado. El terror es una tierra ocupada. 

Todo terror es político.

Mariana Enríquez

Cementerio en la Palestina ocupada. What do you think of when you think of Palestine? (2024). Fotografía de Adam Rouhana

Los colonos

El 27 de abril de 2025, el periodista y autor británico Louis Theroux, famoso por sus documentales que exploran subculturas y tabúes sociales, estrenó Louis Theroux: The Settlers, un documental sobre la ocupación ilegal de los territorios palestinos en Cisjordania. El documental se desarrolla a través de entrevistas con distintos colonos israelíes y ciudadanos palestinos que explican la insólita situación en la que viven, mostrando con agudeza la visión brutalmente colonial de los primeros a costa de la humanidad y derechos de los segundos. 

El documental comienza mostrando una festiva reunión de colonos muy cerca de la frontera sur del Estado de Israel, en un lugar desde el cual se pueden ver las ruinas de la Franja de Gaza, que ha quedado casi completamente destruida por los bombardeos del ejército israelí. Los asistentes, que en su mayoría ocupan ilegalmente gran parte del territorio en Cisjordania, celebran el exterminio de miles de palestinos, algo que ven como un paso más hacia la limpieza étnica y la ocupación de Gaza, su principal ambición en la actualidad. Las colonias en las que viven (a las que se refieren como “asentamientos”) se construyen estratégicamente, normalmente en los alrededores de grandes ciudades palestinas, satisfaciendo no solo el aspecto simbólico de dominación, sino también el aspecto puramente pragmático de dar al ejército israelí una residencia permanente con la excusa de proteger la seguridad de los colonos.

Resistencia en la Palestina ocupada. Roots Run Deep: Life in Occupied Palestine (2024). Fotografía de Hamde Abu Rahma

Al igual que otros documentales de Theroux, este se desarrolla principalmente a través de entrevistas individuales en las cuales el periodista hace uso de la que probablemente sea su mejor baza como investigador: la capacidad para dejar responder a su contraparte sin interrumpirlo, permitiendo que él mismo exponga su razonamiento con claridad, dejando ver sus lagunas, contradicciones y crueldades. Una de sus interacciones más largas es con el colono Ari Abramowitz, un americano de Texas que en 2014 se instaló ilegalmente en Cisjordania tras adquirir la nacionalidad israelí. Diez años después, lo que comenzó siendo un minúsculo asentamiento ilegal se ha convertido en una auténtica colonia poblada por israelíes procedentes de distintos países. Cualquier persona con antepasados judíos puede reclamar la nacionalidad israelí y por tanto convertirse en colono, dando vía libre para que miles y miles de personas que jamás han puesto un pie en la región se muden allí para formar parte de los “asentamientos”, lo que en términos no eufemísticos constituye, simplemente, un proceso de colonización. 

Abramowitz no parece ser consciente de la incoherencia que supone declararse indígena de esa tierra sin que ni él ni sus antepasados hayan vivido jamás en ella. Su razonamiento es la base del ideario etnonacionalista que propugnan los líderes sionistas, a través del cual se considera a cualquier persona de religión judía como un descendiente directo y heredero de las tierras de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob. Esto no actúa como una metáfora espiritual, como lo es para tantos otros judíos, sino como una literalidad que da derecho a cualquier judío a ocupar la tierra en la que sus supuestos ancestros vivieron. Esta línea de razonamiento articula todo el argumentario de los colonos, tal y como muestra la conversación con Abramowitz. Mientras muestra a Theroux el interior de una sinagoga ilegalmente construida en territorio ocupado, una ametralladora cuelga de su torso, inerte pero siniestra, el pilar de violencia que sostiene su interpretación.

Mientras habla, altera la realidad. La ocupación militar de Palestina por parte de Israel a partir de 1967 pasa a ser la “liberación de las regiones de Judea y Samaria”, mientras que la Franja de Gaza, Cisjordania y el Líbano dejan de ser territorios independientes para pasar a ser “regiones del Gran Israel”. Se niega a utilizar la palabra “palestino”, un pueblo que, para él, sencillamente, no existe. Las personas que viven en la región de la que pretende apropiarse no son personas, sino obstáculos. La sensación de inquietud que provoca escucharlo se produce precisamente porque no habla de una historia previa y un futuro como tal, sino de un eterno presente. Todo ese territorio ya les pertenece, les pertenecía y les pertenecerá. La limpieza étnica y la colonización son simplemente los medios más convenientes para acomodar la realidad a lo que él y sus adeptos consideran una verdad eterna. 

Los colonos, por supuesto, no están solos en esta ambición. Al evento festivo celebrado cerca de la frontera con Gaza que se muestra al inicio del documental asistieron Itamar Ben-Gvir, el actual ministro de Seguridad Nacional de Israel y la que es considerada la “madrina” de los colonos, la supremacista judía Daniela Weiss. Weiss es otra de las protagonistas del documental y, pese a que Theroux la entrevista hasta en tres ocasiones a lo largo del reportaje, ya en su primera conversación deja muy claro cuál es el propósito principal de la creación de colonias en la Palestina ocupada. 

Vigilancia militar en la Ciudad Vieja de Jerusalén. Salomon’s Quarries (2024). Fotografía de Adam Rouhana

Theroux argumenta que incluso otros israelíes (a los que, con ironía, se les podría llamar “sionistas moderados” en el contexto de la ocupación) y miembros del gobierno actual muestran públicamente su descontento con las ambiciones coloniales que Weiss defiende y la tildan de extremista. Weiss, sin embargo, no se amilana. Se muestra complacida con estas acusaciones de extremismo, pensamiento místico y nacionalismo étnico que fundamentan la idea del Gran Israel. Con una frialdad y arrogancia mal disimuladas, declara: No forzamos al gobierno. Hacemos por él lo que no puede hacer por sí mismo. Netanyahu está muy contento con lo que hacemos, pero no puede decirlo, así que dice lo contrario (…) Les damos valentía, habilidad, el apoyo del público y el apoyo político (…)

Su análisis no puede ser más acertado. Complementa a la perfección la definición de sí mismos que dan otros colonos, que se autodenominan “la punta de lanza que defiende a Israel«. Estableciendo colonias militarmente protegidas que contravienen directamente las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (como por ejemplo la Resolución 2334, del año 2016), los colonos tantean los límites de la impunidad actuando con extrema violencia mientras se reproducen con alarmante rapidez, permitiendo que el estado israelí aparente ser un ente pasivo al margen de la situación. 

Mapa de Palestina bajo ocupación israelí, 2007. Para una versión actualizada de las colonias israelíes, consultar los mapas detallados de Peace Now (https://peacenow.org.il/en/maps-and-gis-layers) y B’Tselem (https://www.btselem.org/maps)

No son un grupo de extremistas ni de lunáticos completamente ajenos al Estado de Israel, sino sus predecesores en el proceso de colonización. Son la avanzadilla del ejército israelí, la primera gota de agua que deviene en una cascada de atrocidades.

At-Tuwani y Hebrón

Menos de tres kilómetros separan la pequeña ciudad de At-Tuwani de la colonia israelí de Ma’on. Establecida en 1981 como un pequeño asentamiento ilegal, ha acabado convirtiéndose en una comunidad autoorganizada bajo la jurisdicción del Consejo Regional Har Hevron, encargado de administrar las colonias israelíes en esa zona de la Cisjordania ocupada. Desde las colinas al sur de Hebrón, la colonia se alza muy próxima a la ciudad, pero la única forma de pasar de un lugar al otro es dando un enorme rodeo por la carretera fuertemente vigilada por el ejército israelí. Para cualquier ciudadano palestino, el libre movimiento en los territorios ocupados es algo imposible, y acercarse a lugares próximos a colonias, un riesgo considerable. La violencia de los colonos contra los palestinos no es considerada tal y los colonos que acosan, insultan o incluso hieren y asesinan a palestinos no se enfrentan a apenas ninguna consecuencia. 

Es en los alrededores de esta ciudad donde el periodista Louis Theroux entrevista a Mohammad Hureini, un joven activista palestino, quien le conduce a la casa de uno de sus vecinos, la vivienda más cercana a una colonia israelí. El vecino entrevistado muestra los agujeros de bala en sus paredes, las evidencias del hostigamiento casi constante por parte de los colonos. Momentos después, brillantes punteros verdes iluminan una pared de la casa. El ejército israelí les apunta directamente, mofándose, mientras Hureini lo explica a la cámara con la naturalidad de alguien acostumbrado a estar, literalmente, en el punto de mira. Es en este momento en el que Theroux hace una sugerencia con la ingenuidad propia de alguien completamente ajeno a la naturaleza de una ocupación: “¿Qué podemos hacer? ¿Llamamos a la policía?”. Hureini responde casi al instante: “¿Qué policía? Es un único régimen”

La siniestra sencillez de la respuesta de Hureini flota sobre el resto del reportaje, interpelando al espectador, obligándole a imaginar una respuesta que no existe. No existe forma de imaginar que una autoridad militar ocupante pueda proteger a los ocupados. 

Vallas para proteger a los palestinos de la basura lanzada desde arriba por colonos israelíes. Hebrón, 2010

Tras ser testigo del terror impuesto por los colonos en el entorno de pequeños asentamientos, Theroux se dirige a la ciudad de Hebrón, el hogar de doscientos mil palestinos que día tras día intentan vivir con relativa normalidad en una ciudad dominada por la presencia militar, los checkpoints y el fraccionamiento del territorio en favor de israelíes, empleando medidas de apartheid. Issa Amro, ciudadano palestino y activista no violento contra la ocupación, guía a Theroux por las diferentes zonas de la ciudad, donde el propio Theroux, que se sabe protegido por su condición de extranjero occidental, protagoniza varios encontronazos con los militares israelíes, que exigen constante identificación mientras les abordan con el rostro cubierto. Es un fragmento del documental en el que las visiones expuestas en entrevistas previas parecen solaparse, dejando ver el auténtico contexto del lugar y los términos en los que interactúan palestinos e israelíes, que no son otros que los de la dominación. 

Amro camina por Hebrón sujeto a los caprichos de los soldados israelíes, que en un momento dado le niegan el paso a un lugar al que sí dejan acceder a Theroux, explicando que su acompañante no puede pasar por ser palestino. Resulta complicado imaginarse una expresión más literal del concepto de régimen de apartheid, pese a que el Estado de Israel niegue constantemente que esa sea su política. Si es verdad, alguien debería avisar al ejército de ello. 

– Espera, ¿eres palestino?

– Sí.

– Adiós (…) No puedes pasar a partir de esa línea.

Interacción entre Issa Amro y un soldado del ejército israelí frente a una zona turística de la ciudad de Hebrón. 

Si hubiera que escribirla en su totalidad, la lista de injusticias y crueldades desde 1948 sería interminable. La expulsión paulatina, la aplicación de ley marcial, la apropiación forzosa de territorio agrícola o residencial, el goteo constante de nuevas colonias e incesantes ataques… toda la carga asfixiante del terror parece estar posada sobre las espaldas de ciudadanos como Issa Amro, a quien vemos alejarse tras despedirse de Theroux y su equipo, emprendiendo el camino a casa. Tendrá que dar un gran rodeo, explica a la cámara. No puede volver por donde ha venido, hay otro control militar y no le dejarán pasar. 

Flash at night in Occupied Palestine (2023). Fotografía de Adam Rouhana

Amro se encamina hacia el siguiente checkpoint disponible, erguido a pesar de la frustración, del cansancio, a pesar de la tensa oscuridad que por las noches envuelve a la ciudad que lo vio nacer. Poniendo un pie delante del otro hasta llegar a su hogar, reclamando como propio su lugar en el mundo pese a todos los que desean arrebatárselo. 

Los olivos

Este último verano visité el pueblo de mi abuela. Como tantas otras parejas de su generación, mis abuelos dejaron atrás sus pueblos natales después de casarse, pueblos que pasaron a ser destino habitual en verano. Mientras paseábamos por las calles vacías, rodeamos una parte de lo que solían ser las tierras de cultivo de mi familia. Mi padre me señaló dónde empezaba y terminaba la finca, ahora en evidente desuso, mientras mis abuelos caminaban un poco rezagados, cogidos del brazo y pegados a la linde. Nos detuvimos para esperarlos. 

Ese recuerdo insignificante volvió a mí con una claridad pasmosa mientras veía una escena del documental. El reportaje de Theroux coincide con la época de la cosecha de olivas, fruto que abunda en las colinas al sur de Hebrón, donde muchas familias palestinas poseen olivares que han cultivado durante generaciones. Un padre palestino, acompañado de sus hijos mayores, explica a Theroux que se les prohíbe cosechar sus propias tierras y que muchos temen siquiera acercarse por los ataques de los colonos, que pueden llegar a ser letales. Habla mientras su familia trabaja, consciente de que los activistas israelíes por la paz, que los acompañan a modo de escudo, no podrán frenar una intervención externa. 

Poco después, soldados del ejército israelí fuertemente armados abordan a la familia. Alguno de los colonos de los asentamientos cercanos los ha llamado. Los soldados les exigen que muestren un permiso, alegando que la tierra es una zona militar. ¿Cómo no va a serlo? Todo el territorio ocupado es una zona militar. Pese a que los palestinos insisten en que las tierras les pertenecen, les dan diez minutos para marcharse o pueden ser detenidos. Es un espectáculo grotesco. Los soldados miran con desgana y agarran sus ametralladoras con naturalidad. Casi parece que palpan el gatillo cada vez que exigen la identificación de todos los presentes.

Como espectadora, me propuse imaginarme una escena imposible: las parcelas de mi familia rodeadas de militares amenazantes, el paso cortado, mis padres instándome a que no me dirigiera a ellos. El que fuera el hogar de mis abuelos totalmente aniquilado, con casas nuevas alzándose sobre los cimientos de las que hubo allí durante generaciones. Me imaginé a mi abuelo impávido frente al cañón de un rifle. 

Hay quien no tiene que imaginarlo, sino que se ve forzado a vivirlo. Toda proclamación de justicia será una farsa mientras esa escena sea un retrato de la realidad. 

Oh, niños traviesos de Gaza,

Vosotros que constantemente me perturbáis con vuestros gritos bajo mi ventana,

Vosotros que llenáis cada mañana de prisa y caos,

Vosotros que rompisteis mi jarrón y robasteis la flor solitaria de mi balcón,

Volved –

Y gritad todo lo que queráis,

Y romped todos los jarrones,

Robad todas las flores,

Volved,

Solo volved…

Khaled Juma

Before freedom (2024). Fotografía de Adam Rouhana

Bibliografía, sitios web y documentales de interés

Libros y artículos

  • La limpieza étnica de Palestina, Ilan Pappé (2006)
  • Palestina, cien años de colonialismo y resistencia, Rashid Khalidi (2023)
  • La cuestión palestina, Edward Said (1979)
  • Cuatro horas en Chatila, Jean Genet (1982)
  • Los ojos de Gaza, Plestia Alaqad (2025)
  • Palestina en pedazos, Lina Meruane (2021)
  • La invención del pueblo judío, Shlomo Sand (2011)
  • Nothing Walks in This Dream (2015) y otros poemarios de Khaled Juma
  • Poesía escogida (1966-2005), Mahmud Darwish

Documentales recientes

  • Louis Theroux: The Settlers (2025), documental dirigido por Josh Baker. Disponible online.
  • No Other Land (2024), documental dirigido por Basel Adra, Yuval Abraham, Hamdan Ballal y Rachel Szor. Disponible en Movistar +

Sitios web

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