La Guerra de lo Indecible

Published by

on

Sobre la naturaleza del silencio

Orwell, Wittgenstein y el lenguaje como arma viva en la Rusia soviética y moderna

«Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.»
—Ludwig Wittgenstein

En su célebre novela 1984, George Orwell dibuja un mundo en el que el lenguaje es algo plástico, maleable; algo con lo que se juega y se manipula. Sin embargo, los juegos que se jugaban en este mundo lingüístico están lejos de ser alegres y, desde luego, no pertenecen al reino de la infancia. En manos de un Estado dictatorial, el lenguaje se convierte en una herramienta maquiavélica de represión. Las construcciones lingüísticas previas fueron sitiadas e incineradas; lo que quedó entre las ruinas recibió el nombre de Newspeak. Sus desafortunados hablantes, sin saberlo, saltaban a una comba de impía simplificación, alcanzando cada día un cénit agónico. Nuevas, rotas formas de hablar. Los mecanismos de manipulación lingüística que analizaré en este ensayo son, sin duda, algunos de los dispositivos de subyugación más fascinantes con los que me he encontrado, incluso en la ficción. Pero el punto que nos atañe hoy es, precisamente, el hecho de que no hablamos de ficción cuando hablamos de Newspeak.

En este artículo, presentaré un análisis de las rutas lingüísticas de manipulación y coerción de las libertades individuales y colectivas que ha tomado Rusia desde la Unión Soviética hasta nuestra contemporaneidad. Mi enfoque ideológico se basará en el marco teórico de dos de las mentes más brillantes del siglo pasado: George Orwell y Ludwig Wittgenstein. Sus ideas me asistirán en este viaje de desmontaje del intrincado mosaico que es el  Newspeak. Porque, por más doloroso (y fascinante) que sea admitirlo, esta lengua «inventada» no es en absoluto solo una creación de una distopía ficticia, sino un lúcido análisis crítico de nuestra realidad.

Newspeak или Новояз:

Los mecanismos empleados por el gobierno de Oceanía en 1984 para controlar a su población en perpetua simplificación consistían en limitar la libertad de pensamiento hasta eliminar cualquier posibilidad de desacuerdo, cualquier oportunidad de disidencia. El uso de la palabra «libertad» se volvió ilegal. Y, como era de esperarse, el concepto mismo pronto desapareció de la vista. Puede no resultar fácil imaginar al principio cómo la eliminación de palabras de nuestro vocabulario común conllevaría su borrado de nuestro mundo. Sin embargo, las palabras están atadas a conceptos: estos, a su vez, pueden ser visibles (concretos) o invisibles (abstractos). Nombrar lo invisible implica fijarlo, hacerlo asible. Un ejemplo de algo invisible pero real, en términos más prácticos, podría ser el átomo. El átomo no siempre ha sido una parte obvia de nuestro mundo, y la mayoría de las personas sin acceso a un laboratorio solo tienen conocimiento de su existencia a través de su presencia conceptual en el lenguaje. El lenguaje es el medio por el cual almacenamos nuestro tesoro de conocimiento. Y, aunque es cierto que hay cosas que el lenguaje no es capaz de abarcar debido a sus propias limitaciones, todavía podemos aproximarnos a ellas de algún modo, a través de la intuición, por ejemplo. Otras, sin embargo, podrían permanecer para siempre fuera del alcance de nuestra comprensión.

Para expandir este punto, pongamos las siguientes condiciones para un experimento mental. ¿Qué ocurriría si:

  1. El signo (la palabra) «libertad» hubiera sido borrada hace mucho tiempo de nuestro vocabulario.
  2. Viviéramos en un mundo completamente carente de libertad.

¿Qué sucedería? ¿Seríamos capaces de sentirnos no-libres? Sería interesante ver hasta qué punto la intuición platónica podría llevarnos en nuestro aprendizaje. Ver si podríamos aprehender intuitivamente algo que falta, descubrir a ciegas la otra cara de la moneda. Si podríamos convocar algo que aún no conocemos, algo con lo que todavía no nos hemos encontrado. Algo que, quizá, nunca lleguemos a conocer.

En última instancia, una palabra no es más que una seña. Una seña relacionada con una regla de significado en una variedad de formas: convencionalmente, fonéticamente, semánticamente, sintácticamente. Es una regla de significación, una regla de enunciación. En la medida en que podemos asignarle signos a los conceptos, tenemos el poder de nombrar; es decir, de construir mundos, de dar nombres. Y nombrar es un acto de maravillosa generosidad, pues nos permite compartir el entendimiento con el otro, crear una comunidad lingüística. Nos da la capacidad de expandir las fronteras de nuestras realidades. Pues, citando a Wittgenstein, «Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo». Enriquecer nuestro vocabulario es explorar tierras desconocidas, dominar nuevas posibilidades, sumergirse en modalidades ajenas. Empobrecer nuestro lenguaje, en cambio, es el proceso antitético; es tener nuestras tierras saqueadas, nuestras casas quemadas, nuestro ganado robado. Es el progreso y la complejidad arrebatados, una venganza que nos devuelve a una Edad más Oscura.

Este empobrecimiento toma muchas formas dentro de Newspeak. Los sinónimos y antónimos fueron eliminados, dejando solo una palabra para cada concepto. «Bueno» era suficiente, mientras que «malo» se convertía en «nobueno». Siguió la destrucción de la matización, una reducción del vocabulario tan total que aseguraba que las ideas complejas no pudieran articularse, ni siquiera en el pensamiento. Porque las palabras son los ladrillos de construcción, y la complejidad de nuestras estructuras mentales depende de los recursos disponibles para su edificación. La gramática inflexible hizo imposible la expresión de ideas rebeldes o inconformes. Esto se logró a través de un control tan rígido de la gramática que impedía la formación de estructuras oracionales complejas desde el principio. Sería el equivalente a quitarnos los materiales modernos que hemos desarrollado generación tras generación, con los que construimos rascacielos y cohetes, y reemplazarlos de repente por las herramientas primitivas con las que solíamos construir chozas. Una regresión total a las limitaciones del pasado, sin el resplandor de un futuro más brillante por delante.

Estos, entre otros, fueron algunos de los instrumentos utilizados para garantizar la desaparición de la posibilidad del pensamiento crítico. Fabricando artesanalmente una población que ni siquiera podía concebir la idea de rebelión, tan simplificado estaba su proceso de pensamiento. Pues las propias estructuras lingüísticas necesarias para articular la disidencia habían sido sistemática e intencionalmente erradicadas. Y así, el calor que se sentía no era otro que la brutal proximidad de un fuego devorador, el eco crepitante de una quema. La desaparición de una Biblioteca de Alejandría.

OldSpeak: La lingüística soviética

Habiendo ya establecido los términos en los que Newspeak fue presentado en la novela original, resulta lógico que ahora hagamos referencia a los ejemplos reales en los que se basó. La Unión Soviética empleó medios paralelos de manipulación lingüística para controlar el pensamiento, imponer la ideología y erosionar la capacidad de comprender, o siquiera concebir, la libertad.

Eufemismos como «liquidación» reemplazaron a «ejecución», y el término peyorativo kulaktransformó a los campesinos prósperos en enemigos del Estado. La supresión sistemática de la disidencia iba de la mano con una simplificación deliberada del lenguaje. Conceptos que podían inspirar rebelión, como «libertad» o «democracia», fueron despojados de su significado original o sustituidos por un lenguaje acorde con la ideología soviética.

El doblepensar, es decir, la imposición de dos ideas contradictorias como igualmente verdaderas, era central en 1984 y estaba profundamente arraigado en la propaganda soviética. Términos como «centralismo democrático» y «democracia popular» enmascaraban la naturaleza autocrática del gobierno, mientras que frases como «inevitabilidad histórica» invocaban ideas hegelianas para presentar el régimen soviético como el resultado natural e inevitable del progreso histórico.

El lenguaje se convirtió en un arma viva. Nombres, términos y conceptos fueron erradicados o redefinidos junto con las purgas políticas, asegurando que incluso el vocabulario necesario para discutir la disidencia desapareciera.

Los diccionarios soviéticos fueron actualizados para reflejar estos cambios, añadiendo términos como «stajanovista» (celebrando a los trabajadores superproductivos) mientras se eliminaban o redefinían aquellos considerados políticamente peligrosos.

Así, la Unión Soviética nos mostró un ejemplo vivo de la tesis de Orwell: controla el lenguaje, y controlarás la estructura de lo que es. Controla el lenguaje, y controlarás la realidad.

ModernSpeak: La Rusia de hoy

Opinión pública sobre la «Operación Militar Especial»

La manipulación lingüística, como probablemente ya habrá imaginado el lector, no es en absoluto un vestigio del pasado. Esto es evidente en la Rusia contemporánea, como se hace patente en las tendencias lingüísticas ampliamente difundidas por los medios oficiales en todo el país.

En esta sección del artículo, analizaré los datos de una encuesta anónima que yo misma llevé a cabo en diciembre pasado, mientras trabajaba como periodista en Moscú y San Petersburgo. La encuesta, titulada «Общественное мнение о „Специальной военной операции“» (Opinión pública sobre la ‘Operación Militar Especial’), recopiló las opiniones de individuos de entre 18 y 26 años en universidades y bares elegidos al azar en ambas ciudades.

Aunque el grupo encuestado no fue altamente diverso (por razones evidentes de seguridad y confidencialidad), sus respuestas nos ofrecen un atisbo de cómo el conflicto ha moldeado las creencias, el uso del lenguaje y la vida cotidiana de los ciudadanos. Estas son las dos preguntas más relevantes que formulé en mis entrevistas, con sus respuestas transcritas sin modificaciones, pero traducidas al español:

Preguntas (Вопросы)
  1. ¿Cómo ha cambiado con el tiempo la forma en que los medios han enmarcado las razones de la ‘Operación Especial’?
  • «Al principio, los medios estatales justificaban la operación como una liberación de los rusos que estaban siendo oprimidos, pero ahora parece centrarse en la eliminación de los llamados nazis.»
  • «En mi opinión, nada ha cambiado. Las partes han mantenido sus posiciones a pesar de los cambios en la línea del frente, y las razones de la operación siguen siendo las mismas.»
  • «Inicialmente, todo giraba en torno a prevenir una posible agresión de Ucrania en el Donbás y ayudar a la gente de allí. Ahora, escucho mucho más sobre la interferencia de Estados Unidos en Rusia y Ucrania y sobre cómo Occidente tiene la culpa de la situación en general.»
  • «Originalmente, la justificación era la ‘desnazificación’, pero ahora parece tratarse de control territorial y de hacer la guerra por la guerra misma.»
  1. ¿Qué razones crees que motivan a la gente a alistarse en el frente (económicas, patrióticas, por obligación)?
  • «Algunos ciertamente van por convicción, pero parece que la mayoría lo hace por dinero.»
  • «Es una combinación de factores, pero las razones económicas sobresalen. Los incentivos financieros ofrecidos a los voluntarios pueden mejorar significativamente la calidad de vida de sus familias. Dicho esto, aún hay quienes se alistan por deber o ideales patrióticos.»
  • «Las razones económicas y sociales dominan. En muchas regiones de Rusia, particularmente fuera de las grandes ciudades, es difícil ganar lo suficiente para una vida digna. Los salarios son bajos, los precios suben mucho más rápido que los sueldos y la economía se ha deteriorado debido a la ‘operación especial’. Para algunos, ir a la guerra es la única forma de mantener a sus familias. Aquellos en pueblos pequeños o regiones pobres a menudo no tuvieron opción cuando fueron movilizados, ya que no podían salir del país. Aunque algunos van por patriotismo, no creo que sean la mayoría.»
  • «Patriotismo alimentado por la propaganda.»

El Lenguaje como Campo de Batalla

Hay múltiples maneras de interpretar estos datos y respuestas, pero me gustaría centrarme en las elecciones lingüísticas como puntos clave de análisis. Quizás el tema más revelador al hablar con la gente fue cómo el lenguaje mismo se ha convertido en un campo de batalla.

Como hemos discutido, términos como «Operación Militar Especial» han reemplazado a «guerra», y eufemismos como «neutralización» o «desnazificación» oscurecen la realidad del conflicto. Son expresiones comunes y bien asentadas en el habla cotidiana y en las conversaciones sobre el conflicto con Ucrania.

Estas elecciones lingüísticas, promovidas por la propaganda—un concepto que aparece de manera muy consciente en las respuestas de los encuestados—reflejan los métodos empleados en la Unión Soviética. Muestran cómo la distorsión o eliminación de ciertas palabras limita la capacidad de disentir y, aunque sea de manera involuntaria, conduce a la aceptación del statu quo.

Así, la batalla por el lenguaje continúa. Limitar el vocabulario restringe nuestra capacidad de pensar libremente, de cuestionar, de rebelarnos. El lenguaje moldea la manera en que llevamos nuestras vidas, cómo elegimos nuestras acciones diarias. Puede influir en nuestras decisiones, en los bandos que escogemos. Alistarse o no alistarse. Убивать или не убивать. Matar o no matar.

Porque ciertamente es muy distinto estar convencido de que se está matando nazis, que creer que se está disparando a civiles inocentes. Cada palabra borrada es un fragmento menos de nuestra realidad compartida, forzándonos a marcos mentales estrechos, manipulados y teleológicos. Y, como los marcos de una puerta, podemos atisbar imágenes a través de ellos, a través de ellos podemos caminar. Pueden, sin duda, conducir a lugares de violencia.

La guerra sobre las palabras no es simplemente la desaparición del significado, sino un ataque contra nuestra capacidad de imaginar, de crear e incluso de concebir realidades alternativas. Es un recordatorio de lo que está en juego cuando el lenguaje, la herramienta suprema de conexión y entendimiento humano, se convierte en un arma. Es una advertencia sobre lo que sucede cuando las palabras se usan para construir muros en lugar de puentes.

La Metáfora de Ícaro

Como última analogía, podríamos comparar el uso de un lenguaje fabricado con la creación artesanal de unas alas. Al igual que Ícaro, cuando uno se acerca demasiado al sol—a la verdad, a la luz, a lo moral y real—, estas alas están destinadas a derretirse, plumas desprendiéndose, cera en un decadente gotear.

Sin embargo, el peligro no reside solo en lo que les sucede a las alas. Nuestra preocupación es el portador del lenguaje, aquel que viste las alas. El individuo que sigue ciegamente un camino, quizás el único camino que le fue ofrecido en su educación y crianza.

Entonces, asistimos al derrumbe de un mundo, al igual que el cuerpo de Ícaro cae. Las palabras se desmoronan a nuestro alrededor. Escaldadas, rotas, demasiado pesadas para enfrentarse a las fuerzas gravitacionales de la realidad.

Pero ¿en qué consiste realmente esa realidad? No lo puedo asegurar. Porque, ¿quién soy yo para afirmar que mis alas son menos mecánicas? ¿Qué me puede asegurar me sostendrán en mi vuelo?

Después de todo, las gramáticas comunes abarcan estructuras políticas, porque estas forman parte intrínsecamente de nuestro mundo. ¿Cómo podemos estar tan seguros de que volamos más cerca del sol? ¿Que estamos más cerca de la justicia?

No somos tampoco nosotros dueños de la Verdad absoluta. El lenguaje construye también nuestra realidad. Deberíamos ser críticos de él; ejercer el escepticismo ante la influencia de las palabras.

Pero eso, me temo, es otro tema por completo. Un tema para otro artículo tal vez; un artículo exponencialmente más crítico.

Plaza Roja de Moscú, Diciembre de 2023.

Deja un comentario